02/11/2024
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Mi padre siempre me decía: hijo, has escogido una senda difícil y llena de retos. Sé que el camino que elegiste es de honor, pero también de soledad y sacrificio. Habrá noches en que el silencio será tu única compañía y días en los que el sol arderá sobre tu piel sin compasión. Yo, tu padre, me quedaré aquí, esperando noticias tuyas, con el corazón inquieto y las manos temblorosas. No habrá llamada que calme mi preocupación, ni mensaje que me devuelva la tranquilidad, pero aun así, estaré orgulloso de ti.
Hijo mío, piensa bien antes de cruzar esa puerta en la madrugada fría, con el uniforme impecable y la mirada decidida. No quiero que mi consejo te detenga, pero sí que entiendas que el peso de esa elección se sentirá en cada carta que envíes, en cada saludo que des y en cada despedida que marques con un n**o en la garganta.
Tu madre y yo veremos el tiempo pasar sin ti, añorando los días en que eras solo un niño corriendo descalzo por el jardín, riendo sin preocupaciones. Sabemos que cuando regreses, tus ojos habrán visto más de lo que el alma puede soportar, y tus pasos estarán marcados por el recuerdo de todo aquello que dejaste atrás.
Pero hijo, si este es tu sueño, entonces vive con orgullo cada día de tu servicio. Recuerda quién eres y de dónde vienes. No dejes que las distancias borren los valores que te enseñamos. Mantente firme, porque aunque las estrellas del cielo nocturno parezcan más cercanas que tu hogar, nosotros estaremos aquí, esperando tu regreso, orando y vigilando.
Ve, hijo mío, y lleva con valentía la bandera que ondea en tu pecho. No mires atrás con miedo, sino con la certeza de que siempre tendrás un lugar al que volver. Y aunque nuestras canas se multipliquen y los años nos resten fuerzas, nuestras puertas estarán abiertas y nuestras manos listas para recibirte.
No te preocupes, hijo, porque pase lo que pase, tu familia estará de pie, apoyándote. La distancia puede separarnos, pero el amor que sentimos por ti no conoce fronteras ni obstáculos. Estaremos contigo en cada paso que des, aunque eso implique lágrimas, noches en vela y un corazón que late más fuerte cada vez que escuchamos la palabra 'soldado'.