04/09/2026
Una cueva excavada en granito.
Puertas de acero de 40 centímetros.
Generadores con motores de submarinos alemanes.
Y una estética de película de James Bond.
WikiLeaks no solo publicaba noticias: publicaba documentos originales para que cualquiera pudiera verificarlos.
Para hacerlo, necesitó procesar millones de archivos, indexarlos y hacerlos buscables sin comprometer la seguridad de la plataforma.
Y cuando se sentía amenazada, tenía su propio seguro digital: archivos cifrados de varios gigabytes, protegidos con AES-256, cuya clave solo podía liberar Assange.
Si algo pasaba, los secretos podían salir a la luz de golpe.
Porque en internet, cortar una cabeza no siempre acaba con el problema.
A veces aparecen dos más.