09/02/2026
|| La “navaja” de la manipulación ideológica en el “pan” de la cultura pop.
El mundo entero se estremeció durante los breves 15 minutos de duración del “halftime show” del Super Bowl LX, celebrado en Santa Clara, California, el domingo 8 de febrero del 2026. Y no es para menos, el esperado medio tiempo de este importante evento deportivo estadounidense se ha convertido en un fenómeno social histórico, albergando en sus distintas ediciones a artistas de grande popularidad, artistas de la talla de Michael Jackson, Madonna o Lady Gaga.
Este año tocó el turno al cantante puertorriqueño “Bad Bunny”, un hecho inusitado en medio de una crisis generalizada, provocada por las acciones discriminatorias y racistas de la administración Trump, que ha instrumentalizado al ICE (esa Gestapo norteamericana) para la persecución y captura de latinos en territorio estadounidense, como una muestra clara de las pretensiones supremacistas y raciales de las élites que en realidad gobiernan y dirigen al imperio yanqui. Es por ello que considero necesario realizar algunas reflexiones con respecto a la reacción y la campaña mediática, que no se hicieron esperar en algunos de los medios más importantes.
La redacción de “El Financiero” anuncia: “Bad Bunny hizo historia en el Super Bowl LX con un espectáculo en español, marcado por un mensaje sobre identidad, migración y representación latina en uno de los escenarios más vistos del mundo”, y tal parece que ese es el sentimiento generalizado entre la población latina, que pronto salió a manifestarse en las redes sociales expresando su aprobación al “impactante mensaje político” del artista durante su presentación. Pero el análisis riguroso de las condiciones en las que se vierte dicho mensaje, echa por tierra el supuesto de que los intereses del artista están orientados a la defensa de sus compatriotas perseguidos, pues el Super Bowl es la fiesta capitalista yanqui por excelencia. Un evento que va más allá de lo deportivo, pues su realización es motivo de cuantiosas ganancias millonarias para los monopolios dominantes de ese país, tal como lo afirma el artículo de “El economista”, que escribe: “El impacto económico del Super Bowl va mucho más allá de la pantalla. La última vez que Santa Clara fue sede, el evento dejó US$ 240 millones en la región, y las autoridades de California estiman que este año la cifra podría duplicarse hasta rondar los US$ 500 millones”. No es de extrañarse, pues, que la brillante idea de un artista latino en el espectáculo, tiene como verdadero objetivo al consumidor latino, que arrastrado por la euforia universal, y encontrando en ese hecho un consuelo breve pero apaciguador, se convierte en víctima de la manipulación ideológica, que nos sigue recordando a la estrategia romana del circo, a cuya realización acudían por miles los ciudadanos romanos, mientras tiranos de la estirpe de Nerón o Calígula asfixiaban económica y políticamente al pueblo, para enriquecerse a costa de su sufrimiento.
Al Super Bowl acudieron más de 60,000 personas, que pagaron por sus entradas entre 7,865 y 63,099 dólares (¡ENTRE 135,625 y 1,088,253 PESOS MEXICANOS!). Pero eso no es todo, la nota del sitio web “marca.com” menciona: “…el desembolso de las familias o grupos de amigos para disfrutar de este acontecimiento no es nada desdeñable. La National Retail Federation estima que los norteamericanos gastaron 18.600 millones de dólares (15.750 millones de euros) (¡320,807,220 PESOS MEXICANOS! -AM) el año pasado en comida, bebida, merchandising y artículos de decoración para fiestas con motivo de la Super Bowl LIX.” Pero la estimación oficial para este 2026 rebasó los 20,000,000 de dólares. Por lo tanto, queda aún más claro que el objetivo continua siendo la ganancia millonaria que se concentra en las manos de unos pocos. Es por ello que a los grandes monopolios estadounidenses les va y les viene la “crítica política” de Bad Bunny, pues son conscientes de los grandes beneficios que atraería a sus bolsillos.
Por otra parte, la ganancia política también es para ellos y para su gobierno, pues, la percepción de los latinoamericanos es la de sentirse representados por la “voz disidente” del artista, lo cual viene a resultar como un calmante poderoso ante la inconformidad por el maltrato recibido por el vecino anglosajón. Pero la realidad nos dice que Bad Bunny está lejos de representar los intereses políticos y económicos de los millones de latinos que lo siguen, pues, tan sólo en el 2025, su música generó una ganancia de nada menos que 300 millones de dólares para la plataforma Spotify; plataforma que se ha visto envuelta en el escandalo de cuantiosas inversiones en empresas fabricantes de material bélico, utilizado sobre todo para apuntalar la guerra de la OTAN en Ucrania, y muy probablemente el genocidio sionista en la franja de Gaza. Es por ello que resulta importante abrir los ojos ante esta situación, analizando sus aristas desde el punto de vista materialista para no ceder ante el Va**um ideológico instrumentado por los poderosos en el medio tiempo del Super Bowl, después de todo, y como escribiera el gran revolucionario ruso, Vladimir Lenin: “La libertad del artista burgués no es más que una dependencia enmascarada (¡tan hipócrita!) de la bolsa, de la corrupción, de la prostitución.” Seamos pues, de los que no se conforman con un espectáculo de supuesto carácter político, instrumentado por las élites poderosas para adormecer y acallar nuestras verdaderas voces disidentes. Seamos pues, de los que entienden la necesidad de un arte verdaderamente popular y verdaderamente revolucionario, que sea una bandera esperanzadora para las clases explotadas, y una armadura impenetrable ante la metralla del “arte” comercial.
-Alex Morrison.