28/08/2026
El registro telefónico y los peligros de una justicia deficiente.
Como ya sabemos, en México se ha implementado el registro obligatorio de los números telefónicos. En medio de un contexto de opiniones divididas, es importante reconocer que, a pesar de las controversias, ya es un hecho el registro de nuestro número telefónico.
Sin embargo en un país y un estado como el nuestro, donde la corrupción ha permeado diversas instituciones, esta medida puede convertirse en un arma de doble filo.
Sin una investigación sólida del Ministerio Público, basta un dato mal interpretado para que una persona termine vinculada a proceso por un delito que no cometió.
Como fue el caso tan sonado del cerrajero William, de Cosoleacaque, Veracruz, bastó que la ociosa y desleal ministerio público revisara la ubicación del teléfono de una de las víctimas, que William tenía, sin investigar por qué, y así asumieron que él era responsable de un delito, cuando en realidad no lo era.
Ahora imaginemos ese mismo escenario cuando un número telefónico esté plenamente registrado a nombre de una persona. ¿Cuánto más peso tendrá ese dato para una investigación deficiente? ¿Cuánto más fácil será construir una imputación?
Ese es precisamente el peligro.
Vivimos en un supuesto Estado de derecho donde, en demasiadas ocasiones, la vinculación a proceso parece concederse como un vaso de agua: sin que a nadie se le niegue, aun cuando la investigación sea insuficiente.
Por ello las fiscalías tienen una obligación que no pueden delegar ni evadir: investigar.
Los jueces no deben simplemente aceptar la versión del fiscal excusándose en el estándar mínimo probatorio. Ellos deben evaluar con rigor, asegurándose de que las pruebas sean sólidas, y no solo una formalidad.
Por eso la defensa del Estado de derecho tampoco es únicamente tarea de los abogados. Es responsabilidad de todos los ciudadanos exigir instituciones que investiguen antes de acusar, que prueben antes de señalar y que respeten la presunción de inocencia.
Porque cuando una institución puede convertir una coincidencia en sospecha, una sospecha en imputación y una imputación en un proceso, el problema ya no es solo de quien está sentado frente al juez. El problema es de toda una sociedad que ha permitido que la justicia deje de ser una garantía y se convierta en una cuestión de suerte.
Y cuando eso sucede, nadie está realmente a salvo.
Redacción a cargo del
Presidente de Bagtac.