19/07/2025
Carlos Ildemar Pérez: la imaginación como acto fundador
Crónica desde la Cátedra Libre Poesía de LUZ en las V Jornadas Iberoamericanas de Cátedras Libres
Desde su creación, la Cátedra Libre Poesía de la Universidad del Zulia ha sido una lámpara encendida en los corredores de la imaginación universitaria. Fundada por el poeta Carlos Ildemar Pérez, este espacio nació para habitar el lenguaje como quien habita un territorio de libertad: sin fronteras, sin censuras, sin límites. Por eso, cuando el pasado 16 de julio se dio inicio en la Sala Baja “Sergio Antillano” del Teatro Baralt a la V Jornada Iberoamericana de Cátedras Libres —que este año lleva su nombre como padrino epónimo—, sentimos que la poesía regresaba a su casa. Y que esa casa era también el cuerpo entero de la universidad.
Desde la apertura solemne del acto, con la presencia de la rectora Judith Aular de Durán y un nutrido público de docentes, estudiantes, intelectuales y creadores, quedó claro que esta jornada no era solo un evento académico: era un homenaje entrañable. El lema que presidió la actividad, “Academia creadora desde la imaginación ilimitada”, no podía ser más justo ni más fiel a la visión que Carlos Ildemar sembró en nuestras aulas: pensar sin miedo, enseñar como quien canta, investigar como quien crea, vivir la universidad como una escena poética.
La rectora Aular de Durán lo expresó con claridad en su intervención: las cátedras libres son un bastión para la democratización del conocimiento y un refugio para el pensamiento crítico. Al dedicar esta edición al Dr. Carlos Ildemar Pérez —poeta, ensayista, dramaturgo, crítico de arte, editor y titiritero— la Universidad del Zulia le rinde homenaje a una de sus voces más singulares y fecundas. Él no solo dirigió la Escuela de Letras, sino que hoy dirige la Editorial de LUZ y, sobre todo, creó esta Cátedra Libre Poesía desde la cual seguimos cultivando palabras como semillas.
Durante las dos jornadas, realizadas los días 16 y 17 de julio en espacios como el Teatro Baralt y la Biblioteca Pública del estado Zulia, se desarrollaron foros, ponencias, mesas de concertación y actos simbólicos en los que la figura de Carlos Ildemar fue evocada con gratitud y alegría. Las salas se llenaron de voces diversas, de saberes compartidos y de jóvenes que, quizás sin saberlo, ya caminan por los senderos que él ayudó a trazar.
Nos emocionó particularmente ver cómo, desde la Fonoteca Ulises Acosta hasta la Sala David Belloso Rossell, pasando por la Sala Hesnor Rivera y la Zona Interactiva, se tejía un mapa de pensamiento colectivo en torno a la creación, la libertad académica, el patrimonio cultural, la educación crítica, el arte, el territorio y las memorias vivas. Todo ello, atravesado por ese hilo invisible —pero palpable— de la palabra poética que Carlos Ildemar elevó al centro del aula.
En un momento especialmente emotivo, se le confirió oficialmente el título de padrino epónimo de las jornadas. No fue un gesto decorativo, sino un acto de justicia poética. Reconocerlo como padrino de esta cruzada académica es, en efecto, restituirle al pensamiento universitario su dimensión creativa. Carlos Ildemar Pérez siempre ha sido un sembrador de asombros, un maestro que enseñaba con títeres y con metáforas, un intelectual que hablaba con la misma pasión del Quijote que de una canción infantil. Su legado excede lo académico: es una forma de estar en el mundo.
La Cátedra Libre Poesía, como espacio que encarna ese espíritu, participó activamente en las sesiones, llevando lecturas, reflexiones y propuestas de nuevas actividades que mantienen vivo su impulso. No fue solo una conmemoración: fue una renovación del pacto ético y estético que nos une como comunidad poética universitaria. Nos reconocimos en su herencia, pero también nos proyectamos hacia el porvenir, con el compromiso de seguir imaginando una universidad creadora y vital.
Al cerrar estas jornadas el 18 de julio, no sentimos el final de un evento, sino la continuidad de una siembra. Porque la palabra de Carlos Ildemar Pérez sigue creciendo en los talleres de poesía, en los libros que edita EDILUZ, en los poemas leídos al viento por estudiantes, en los títeres que cobran vida para explicar el mundo, y sobre todo, en la certeza de que la imaginación no es un lujo, sino una necesidad.
Gracias, maestro Carlos Ildemar Pérez, por mostrarnos que la poesía no se aprende, sino que se comparte como un don. Y que la universidad, para ser verdadera, debe atreverse a decir lo indecible, a cantar lo invisible, a crear lo imposible.