08/04/2015
Reflexión tras la Masacre en Kenia
El pasado 2 de abril en la Universidad de Garissa en la zona norte del país africano donde concurren más de 800 alumnos, la organización terrorista-yihadista Al Shabaab, la cual se reivindico el ataque, perpetro en la institución el fusilamiento de 148 personas.
El terrorismo yihadista no deja de convulsionar a la comunidad internacional, ataque tras ataque, y pese a las numerosas declaraciones diplomáticas y respuestas militares, no hay, ni habrá solución definitiva próxima a un grupo que corrompió la interpretación religiosa, y decidió combatir por todos los medios a quienes no abrazan el Islam.
Corresponde señalar, que la creación de estos movimientos terroristas hace tres décadas, fue estimulada por quien supiera beneficiarse posteriormente por su posición combativa frente a la invasión soviética; sí, los Estados Unidos de América y sus lobbies han confeccionado un monstruo que hoy nos tiñe de luto.
Como si fuera poco, luego de la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Ayotzinapa, hecho que conmovió a México y el mundo entero a finales del 2014, nos encontramos con la terrible noticia de una tragedia que suscita una fatalidad más entre las tantas que se perpetran día tras día en el globo pero con especial naturalidad en Medio Oriente e influencias.
Repudiamos enérgicamente el ataque y la muerte una por una de las victimas, por tal motivo tenemos la obligación moral de enfrentarnos al menos en la dialéctica con quienes son responsables no solo del ataque, sino de darle sustento a tan horripilante ideología que desprecia la vida, pues lejos de responder a principios divinos lo hace a los intereses más repulsivos del ser humanos. Al mismo tiempo resulta despreciable la complicidad que hemos observado en los medios de comunicación hegemonícos que, desinformando masivamente, seleccionando lo que "sucede" y lo que "no", terminan por comulgar en la misma linea nociva que los asesinos inmediatos; unos con las balas y ellos desde el discurso.
Si buscamos algo de Justicia por cada una de las victimas de estas tragedias sin precedentes, debemos manifestarnos a viva voz. No podemos jactarnos de estar exentos de la barbarie que habita cruzando el océano, porque no solo sucedió en nuestro continente hace pocos meses, sino que en nuestro país se asesinaba y desaparecían estudiantes hace apenas 35 años.
Condenamos el desprecio por la vida, la intolerancia, la indiferencia y la vileza del aparato mediático manipulado por el poder económico.