22/02/2022
Hace un tiempo recordaba cómo fue ser adolescente o adulta joven. Recordé que hubo muchísimas experiencias que disfruté porque amaba estar con mis amigas y realmente amé mi colegio y mi universidad. Pero no todos los momentos fueron lindos, dudé muchísimo de mí y de lo que podía lograr. Tuve altos y bajos, tuve miedo, miedo a ser juzgada, miedo a ser rechazada, miedo de no ser parte.
En ocasiones sentí que tenía tantas responsabilidades que no era capaz de cumplir con ellas. Había expectativas de personas o peor aún mías, que eran demasiado altas, demasiado difíciles de cumplir.
Hubo momentos donde no quise levantarme, no quería encontrarme con personas o situaciones que tenía que enfrentar. Te cuento que: me peleé con mis papás una y otra vez, porque nunca pensaron igual que yo, no me entendían, me enojé con Dios porque las cosas no salían como yo quería, discutí con mis amigas y no quería nunca más salir de casa, salí mal en un examen, no supe como contarlo y me sentí menos, estaba enojada conmigo, con mi cuerpo, con todos. Sentía que nadie me entendía. Sentía que hablaba y nadie me escuchaba. Tenía muchísimas emociones y hormonas que me causaban mal humor y ni siquiera yo misma sabía qué quería o cómo me sentía.
Si estás pasando por algo así, te digo: con el paso del tiempo todo se vuelve más fácil y algún día podremos reírnos de lo que un día nos avergonzó, no te quedes callada o callado, hablemos, entre dos es mejor. Tal vez tengamos experiencias que podamos compartir.
Que el inicio del curso lectivo sea un tiempo para seguir soñando, para seguir construyendo esos hermosos sueños, que sí se hacen realidad, soy testigo.
Escrito por Meli Hidalgo