13/05/2026
Lo que con el tiempo llegó a llamarse “metafísica” tenía, en sus orígenes ‒el nunca del todo nítido “paso del mito al lógos”‒, una pretensión transformadora del mundo, y no meramente descriptiva; por ello hemos de mirar atrás, hacia el umbral histórico anterior a la sistematización aristotélica, cuando el pensamiento filosófico (más ligado a la sophía que a la epistéme) no se limitaba a clasificar la realidad, sino que pretendía operar en ella. Antes de que Aristóteles definiera la filosofía primera como la ciencia “del ente en tanto que ente”, convirtiéndola en una disciplina teorética y taxonómica, hubo un período en el que el conocimiento abstracto todavía se veía inseparable de la intervención en la naturaleza; una herencia ‒aunque a la vez que una ruptura‒ del pensamiento mágico. En aquel momento fundacional, la metafísica no era algo académico, sino que tenía la intención de participar directamente en el cosmos; para los presocráticos (pero esto llega hasta el propio Platón, heredero de la tradición órfico-pitagórica), la phýsis no era la naturaleza objetiva que hoy analiza la ciencia, sino un brotar y un desplegarse, una fuerza viva, que el sabio no sólo observa, sino con la que se “alinea”. Dar con el arché de la naturaleza, aprender a hablar su lógos (verdadero sentido de la theoría o “contemplación”), no era una mera acumulación de información, sino que producía una transformación del sujeto que, al identificarse con la legalidad universal, se convertía en un vehículo de armonía capaz de influir en su entorno físico y social. [...]
LA METAFÍSICA COMO “TECNOLOGÍA IDEAL”
De la idea como descripción a la idea como operación
D. D. Puche
(Enlace en primer comentario📌)