La Historia De Cada Día

La Historia De Cada Día Página abierta al público con el fin de reflexionar críticamente sobre el Acontecer Humano y sus múltiples determinaciones.

El presente es síntesis del pasado en proyección al porvenir.

24/08/2026
https://www.facebook.com/share/p/14qF4HmR982/
21/08/2026

https://www.facebook.com/share/p/14qF4HmR982/

Durante más de cuatro décadas, Libia fue el escenario de uno de los experimentos socioeconómicos más audaces y controvertidos de la historia moderna. En 1969, cuando Muammar el Gadafi llegó al poder, heredó una nación empobrecida, con una tasa de analfabetismo superior al 80% y cuyos valiosos recursos naturales eran explotados por corporaciones extranjeras. Su primera gran jugada cambió las reglas del juego geopolítico: nacionalizó la industria de hidrocarburos a través de la Corporación Nacional de Petróleo (NOC) y renegoció los contratos para retener más del 80% de las ganancias en arcas nacionales.

Educación y Salud Gratuitas: Estudiar o ir al médico no costaba un solo dinar. Si un ciudadano no encontraba la especialización médica o la carrera universitaria que deseaba dentro de Libia, el Estado financiaba la matrícula completa en las mejores universidades del mundo, otorgándole además una beca mensual para manutención y pasajes aéreos pagados. En pocas décadas, la alfabetización superó el 85%.

Vivienda y Familia: La vivienda era considerada un derecho humano, no una mercancía. Los arriendos comerciales tradicionales fueron eliminados y se construyeron programas masivos de vivienda. Además, a las parejas recién casadas se les otorgaba un bono de inicio de vida de aproximadamente $50.000 dólares para la adquisición de su primer hogar.

Energía y Alimentos Subsididados: La gasolina se vendía a unos $0,14 dólares por litro, convirtiéndose en una de las más baratas del planeta. Los alimentos básicos harina, azúcar, arroz y aceite estaban subvencionados hasta en un 80%, protegiendo el bolsillo del ciudadano común.

El Gran Río Artificial: Para llevar agua al desierto, financió de manera 100% autónoma sin pedir un solo préstamo al FMI o al Banco Mundial la obra de ingeniería hidráulica más grande de la historia: más de 2.800 kilómetros de tuberías subterráneas que transportaban agua dulce desde los acuíferos fósiles del Sáhara hasta las ciudades costeras, entregando tierra, ganado y semillas a cualquiera que quisiera cultivar.

Para el año 2010, Libia ostentaba el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más alto de toda África, no registraba deuda externa y acumulaba más de $150.000 millones de dólares en reservas internacionales y toneladas de oro.

Sin embargo, el punto de no retorno llegó cuando Gadafi propuso utilizar esas reservas de oro para crear el Dinar de Oro Africano, una moneda común respaldada por recursos reales destinada a comercializar el petróleo del continente, desafiando directamente la hegemonía del dólar estadounidense y el franco CFA. Para los analistas soberanistas, esta amenaza al sistema financiero global fue la gota que derramó el vaso: las potencias extranjeras activaron una intensa campaña mediática para calificarlo de dictad0r, justificando la intervención militar de la OTAN en 2011 y desmantelando por completo el modelo libio.

Si la intervención militar en Libia se justificó para librar al país de un tirano y llevarle democracia y libertad, ¿por qué tras la caída de Gadafi el país pasó de tener el nivel de vida más alto de África a convertirse en un Estado fallido sumido en la gu3rra civil, el caos y la reaparición de mercados de escl@vos?.

Ya sabes lo que sucede cuando un país no se le arrodilla a los que se creen dueños del mundo?,

Si quieres un video sobre éste tema déjamelo saber,

https://www.facebook.com/share/p/1BqCsHTQK7/
21/08/2026

https://www.facebook.com/share/p/1BqCsHTQK7/

Un 20 de agosto, hace 179 años, se peleaba la batalla de Churubusco. Del lado mexicano, sirviendo los cañones hasta que se acabó la pólvora, estaba un batallón formado por irlandeses y otros inmigrantes europeos que habían llegado a Estados Unidos huyendo del hambre y que decidieron cambiarse de bando. ☘️

Eran los San Patricios. Muchos eran católicos pobres a quienes en el ejército estadounidense trataban con desprecio por su religión y su acento, y al ver cómo se entraba a pueblos mexicanos y se quemaban iglesias, entendieron de qué lado de esa guerra estaban. Su jefe más conocido fue John Riley. Pelearon en Monterrey, en La Angostura, en Cerro Gordo y finalmente en Churubusco, donde varios impidieron que se izara la bandera blanca hasta que los rebasaron.

El castigo fue brutal. Cincuenta fueron ahorcados en septiembre de 1847, la mayoría en San Ángel y en Mixcoac, algunos obligados a mirar la caída de Chapultepec desde la horca. A Riley lo marcaron con un hierro caliente en la cara y lo dejaron vivo. México nunca los olvidó: en San Ángel hay una placa con sus nombres y cada año se les rinde honores. 🇲🇽

¿Sabías que hubo extranjeros que murieron defendiendo a México en esa guerra?

#1847

https://www.facebook.com/share/p/1EWcPodF3K/
19/08/2026

https://www.facebook.com/share/p/1EWcPodF3K/

LA MUJER QUE MANDABA A 200 HOMBRES CON FALDA LARGA. Morelos, 1913. Camino de tierra entre milpas.

El contingente se ha detenido un momento para tomar agua. A lo lejos se ve el polvo que levantan los que ya van marchando. Cerca de unas cajas de madera y unos petates, unos hombres acomodan mantas, otro le da agua a su caballo en una cubeta, otro bebe de su jarro, dos conversan en voz baja.

Al frente de todos, de pie, está ella.

Es Rosa Bobadilla. La conocen en todo el sur como “La Coronela”. Lleva su falda larga hasta los tobillos, polvorienta del camino, un s**o de campaña gastado, una carrillera cruzada sobre el pecho y su pi***la enfundada en la cintura. Lleva sombrero de ala ancha y su trenza recogida. No está posando. Está dando una indicación con la mano a uno de sus hombres, mientras con la otra sostiene un poco su falda para poder moverse entre las piedras.

Atrás de ella no hay tres o cuatro hombres. Hay decenas. Y si miras al fondo del camino, la columna sigue y sigue hasta perderse entre el polvo.

No es una soldadera que acompaña a su esposo. Es la jefa.

Rosa Bobadilla es una de las mujeres más importantes y menos recordadas de la Revolución Mexicana.

Nació en Morelos. Cuando estalla la Revolución, se une al Ejército Libertador del Sur de Emiliano Zapata junto a su esposo, el también coronel zapatista Juan Sánchez. Pero Rosa no se quedó en la casa esperándolo.

Ella levantó su propio contingente. Llegó a comandar a cerca de 200 hombres, la mayoría campesinos morelenses que la respetaban por su valor y su palabra firme. Zapata mismo reconoció su grado y por eso le decían La Coronela.

En una época donde a las mujeres no se les permitía ni votar, ni opinar, ni salir solas, Rosa Bobadilla daba órdenes en el campo de batalla, organizaba el abastecimiento, decidía por dónde moverse y negociaba con otros jefes zapatistas.

Su ropa cuenta la historia completa: lleva falda larga, como cualquier mujer mexicana de 1910. No se puso pantalón de hombre para que la tomaran en serio. Mandaba con falda larga, con trenza y con botas llenas de lodo. Esa es la imagen más poderosa.

Después de la Revolución, como le pasó a muchas mujeres, su historia fue borrada de los libros. Los corridos hablan de las Adelitas que llevaban tortillas, pero no de las coronelas que mandaban columnas.

Rosa Bobadilla murió en 1950, casi en el olvido, en Morelos, la tierra por la que tanto peleó.

Esta escena nos rompe todos los esquemas que nos enseñaron de la Revolución.

Nos enseñaron que la Revolución la hicieron solo hombres a caballo con bigote y sombrero. Que las mujeres solo estaban para hacer de comer y curar heridos.

Pero aquí está la prueba viviente de que no fue así.

Aquí hay una mujer de pie, con una falda larga que arrastra polvo, con una carrillera que pesa y con una pi***la en la cintura, mandando sobre un contingente de hombres que la escuchan con atención.

No necesitó gritar. No necesitó ponerse un disfraz de hombre. No necesitó ser la más joven ni la más bonita. Su autoridad venía de su valor y de su palabra.

¿Cuántas Rosas Bobadilla ha tenido México en toda su historia y no las conocemos? ¿Cuántas mujeres han mandado, organizado, sostenido familias y pueblos enteros con una falda larga y nadie les ha dado el título de coronelas?

La Coronela nos recuerda que el valor no tiene género. Que la autoridad no necesita un uniforme elegante. Que una mujer puede estar al frente, con las botas llenas de polvo, dando indicaciones bajo el sol, mientras 200 hombres esperan su orden para seguir marchando.

Hoy, cada mujer mexicana que se levanta a mandar en su casa, en su trabajo, en su negocio, con su familia a cuestas, es una heredera de Rosa Bobadilla.

Ella no pidió permiso para ser coronela. Se lo ganó en el camino.

¿Qué otra mujer de la Revolución crees que merezca ser recordada como La Coronela?

https://www.facebook.com/share/p/1EQLf5Eas5/?mibextid=wwXIfr
17/08/2026

https://www.facebook.com/share/p/1EQLf5Eas5/?mibextid=wwXIfr

SILVIO ZAVALA - La Filosofía Política en la Conquista de América

La conquista de América suele aparecer en los relatos históricos como una sucesión de expediciones, batallas, alianzas, derrotas, conversiones y fundaciones de ciudades. Hay conquistadores, soldados, misioneros, indígenas, monarcas y funcionarios; hay fechas, mapas y tratados; hay imperios que caen y otros que comienzan a organizarse sobre sus ruinas. Pero debajo de ese inmenso movimiento de personas, armas y riquezas existía otro escenario menos visible y no por ello menos decisivo: el de las ideas que permitieron justificar, discutir, limitar o condenar la dominación de unos seres humanos sobre otros. “La Filosofía Política en la Conquista de América”, de Silvio Zavala, se ocupa precisamente de reconstruir ese universo intelectual. Su objeto no es narrar nuevamente la conquista, sino examinar las concepciones políticas, jurídicas y filosóficas que acompañaron la expansión española en América y que sirvieron para pensar cuestiones tan delicadas como la legitimidad de la conquista, los derechos de los pueblos indígenas, la autoridad de la Corona, la evangelización, la guerra y la servidumbre. El resultado es un estudio de enorme interés histórico porque demuestra que la conquista no fue solamente una empresa militar y económica, sino también una gigantesca discusión acerca de quién tenía derecho a mandar sobre quién. Una discusión que, por cierto, adquiere una dimensión bastante peculiar cuando quienes llegan armados hasta los dientes deben comenzar explicando filosóficamente por qué tienen derecho a estar allí.
Zavala parte de una cuestión fundamental: la expansión europea hacia América planteó problemas políticos y jurídicos para los cuales las categorías tradicionales del pensamiento europeo no siempre ofrecían respuestas sencillas. La aparición de sociedades desconocidas para los europeos obligó a reconsiderar conceptos relacionados con la soberanía, la guerra justa, la propiedad, la libertad y la autoridad. El descubrimiento de nuevos territorios produjo, simultáneamente, un descubrimiento intelectual mucho más incómodo: Europa debía decidir qué lugar ocupaban dentro de su propio universo moral aquellos pueblos que no habían solicitado formar parte de él.
Esta tensión atraviesa toda la obra. La conquista generó una necesidad de legitimación que no podía satisfacerse únicamente mediante la superioridad militar. El hecho de poder conquistar un territorio no respondía automáticamente a la pregunta de si se tenía derecho a hacerlo. La fuerza podía resolver el problema práctico de la ocupación; no podía resolver por sí sola el problema jurídico y moral de su legitimidad. Allí entraron en escena teólogos, juristas, filósofos, funcionarios y pensadores que discutieron intensamente los fundamentos de la presencia española en América.
Uno de los grandes méritos de “La Filosofía Política en la Conquista de América” consiste en mostrar que estas discusiones no fueron un simple decorado intelectual colocado retrospectivamente sobre acontecimientos ya decididos. Las ideas tuvieron consecuencias concretas. Las categorías jurídicas y teológicas utilizadas para definir a los indígenas condicionaron las políticas de evangelización, organización laboral, administración territorial y gobierno colonial.
Zavala reconstruye así un universo intelectual donde religión, derecho y política aparecen profundamente entrelazados. La separación moderna entre estas esferas no puede aplicarse mecánicamente a los siglos XVI y XVII. Para los pensadores de la época, las preguntas acerca de la autoridad política estaban inseparablemente relacionadas con cuestiones teológicas y morales. Determinar si una guerra era legítima podía exigir discutir la naturaleza de la autoridad papal; establecer los derechos de los indígenas implicaba analizar concepciones filosóficas sobre la libertad y la ley natural.
La importancia de la tradición escolástica resulta central en este contexto. La expansión española hacia América se desarrolló dentro de un mundo intelectual profundamente influido por el pensamiento cristiano y por la recuperación medieval de Aristóteles. Conceptos como ley natural, derecho de gentes, soberanía y guerra justa proporcionaron herramientas mediante las cuales los pensadores pudieron interpretar una realidad completamente nueva.
Pero lo más interesante es que esas herramientas no condujeron necesariamente a una única conclusión. La misma tradición intelectual podía ser utilizada para justificar determinados aspectos de la conquista o para cuestionarlos radicalmente. El derecho natural podía convertirse en fundamento de la autoridad española, pero también podía emplearse para defender la libertad y los derechos de los pueblos indígenas.
Esta ambivalencia constituye uno de los aspectos más fascinantes del libro. La filosofía política no aparece como una maquinaria ideológica perfectamente coordinada destinada a proporcionar argumentos para la dominación. Existieron disputas reales, contradicciones profundas y posiciones enfrentadas. La conquista produjo una controversia intelectual de extraordinaria intensidad.
Dentro de ese panorama adquiere especial relevancia la figura de Francisco de Vitoria y la tradición de la Escuela de Salamanca. Zavala presta atención al desarrollo de conceptos que permitieron cuestionar la idea de que los pueblos indígenas carecían de derechos simplemente por no pertenecer al mundo cristiano europeo. La discusión sobre sus dominios, sus formas de gobierno y su capacidad jurídica resultó fundamental para elaborar una concepción más compleja de las relaciones entre europeos y americanos.
El problema de la soberanía ocupa aquí un lugar decisivo. ¿Poseían los pueblos indígenas verdadera autoridad sobre sus territorios y comunidades? ¿Podían ser considerados legítimos propietarios? ¿Tenían gobiernos propios? ¿Podían los españoles intervenir legítimamente en ellos? Estas preguntas obligaron a confrontar concepciones profundamente arraigadas acerca de la relación entre cristianismo, civilización y poder político.
La respuesta de algunos pensadores fue extraordinariamente innovadora para su tiempo: los indígenas eran seres humanos dotados de razón y, por lo tanto, poseían derechos naturales que no desaparecían por el simple hecho de no ser cristianos. Esta afirmación podía tener consecuencias revolucionarias, porque implicaba reconocer que la diferencia religiosa no anulaba automáticamente la legitimidad política de las sociedades americanas.
La cuestión de la guerra justa aparece inevitablemente ligada a este problema. Una de las formas de legitimar la conquista consistía en presentar determinadas acciones españolas como respuestas legítimas frente a comportamientos considerados injustos. Pero para determinar si una guerra era justa había que establecer previamente qué acciones podían considerarse legítimamente castigables y quién poseía autoridad para hacerlo.
Zavala analiza estas discusiones mostrando que detrás de ellas existía un problema mucho más profundo: la posibilidad de establecer normas universales capaces de regular las relaciones entre pueblos diferentes. La conquista americana se convirtió así en un laboratorio intelectual donde se discutieron principios que posteriormente serían fundamentales para el desarrollo del derecho internacional.
El concepto de derecho de gentes adquiere especial importancia en este proceso. La expansión europea obligó a pensar las relaciones entre comunidades políticas que no compartían religión, costumbres ni formas de organización. Los juristas y teólogos debieron preguntarse qué derechos podían considerarse comunes a todos los pueblos y cuáles dependían de tradiciones particulares.
Este problema conserva una actualidad evidente. La cuestión de cómo relacionarse con sociedades culturalmente diferentes continúa siendo uno de los grandes desafíos de la política internacional. Lo interesante en Zavala es observar uno de los momentos históricos en que esa cuestión comenzó a adquirir una formulación sistemática dentro del pensamiento jurídico europeo.
La evangelización constituye otro de los grandes temas. La conquista fue presentada frecuentemente como una empresa de expansión cristiana, pero esa justificación planteaba dificultades considerables. ¿Podía obligarse a un pueblo a aceptar una religión? ¿Era legítimo utilizar la fuerza para convertirlo? ¿Podía una guerra emprendida con fines evangelizadores considerarse justa?
Las respuestas fueron variadas y generaron intensos debates. Algunos defendieron formas de intervención que hoy resultan difíciles de aceptar; otros establecieron límites importantes a la coerción religiosa. El análisis de Zavala permite comprender esas posiciones dentro del contexto intelectual en que fueron formuladas, sin convertirlas en caricaturas contemporáneas.
La cuestión de la libertad indígena es particularmente importante. El desarrollo de instituciones de trabajo y tributo generó una tensión permanente entre las declaraciones jurídicas acerca de la libertad de los indígenas y las prácticas económicas concretas de la sociedad colonial. La distancia entre la norma y la realidad aparece como uno de los problemas recurrentes de la conquista.
Las discusiones sobre la encomienda constituyen un ejemplo especialmente revelador. La institución podía justificarse en términos de protección, evangelización y organización económica, pero en la práctica generó formas de explotación que provocaron fuertes críticas. El pensamiento político y jurídico de la época tuvo que enfrentarse a esta contradicción entre los principios proclamados y las estructuras materiales de dominación.
Zavala resulta particularmente valioso cuando reconstruye estas controversias sin reducirlas a una simple oposición entre “buenos” y “malos”. El pensamiento colonial estuvo atravesado por posiciones intermedias, ambigüedades y contradicciones. Hubo autores que defendieron la soberanía española mientras cuestionaban los abusos de los conquistadores; hubo quienes aceptaban la evangelización pero rechazaban la coerción; hubo quienes reconocían derechos indígenas sin cuestionar completamente el orden colonial.
Esta complejidad convierte al libro en algo más que una historia de las ideas. También permite observar cómo las doctrinas políticas interactúan con instituciones y relaciones de poder. Las ideas no flotan en un espacio intelectual separado de la sociedad. Son formuladas por individuos concretos, dentro de instituciones concretas y frente a problemas concretos.
La figura de Bartolomé de las Casas adquiere inevitablemente una importancia destacada. Su defensa de los indígenas y su crítica de numerosos aspectos de la conquista representan uno de los episodios más conocidos de esta historia intelectual. Pero el interés de Zavala no reside únicamente en presentar a Las Casas como una figura moralmente admirable. Importa también comprender las categorías jurídicas y teológicas mediante las cuales construyó su argumentación.
La famosa controversia entre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda constituye uno de los momentos más emblemáticos de estas disputas. El enfrentamiento planteó cuestiones acerca de la supuesta inferioridad natural de los indígenas, la legitimidad de la guerra y la capacidad de los pueblos americanos para gobernarse a sí mismos. Más allá de las posiciones personales de ambos autores, la controversia muestra hasta qué punto la conquista obligó a discutir problemas fundamentales sobre la naturaleza humana y la legitimidad política.
La obra de Zavala también permite observar el proceso mediante el cual estas discusiones fueron incorporándose a la legislación colonial. Las normas destinadas a regular las relaciones entre españoles e indígenas no surgieron exclusivamente de necesidades administrativas. Fueron también producto de debates intelectuales sobre derechos, obligaciones y límites del poder.
Las Leyes de Indias constituyen una manifestación particularmente importante de este proceso. Su existencia demuestra que la Corona española desarrolló un complejo aparato jurídico para regular la vida colonial. Pero también revela la dificultad de convertir principios normativos en prácticas efectivas dentro de territorios enormes, con intereses económicos poderosos y estructuras sociales profundamente desiguales.
Esta distancia entre legislación y realidad no invalida el interés de las normas. Al contrario, permite comprender las tensiones internas del sistema colonial. El hecho de que determinadas formas de explotación fueran prohibidas o reguladas muestra que existía un conflicto entre distintos intereses y concepciones acerca de cómo debía organizarse la dominación.
Uno de los aspectos más interesantes de “La Filosofía Política en la Conquista de América” consiste precisamente en mostrar que la conquista fue también una crisis de categorías. Europa llegó a América con determinadas ideas sobre autoridad, propiedad, religión y civilización, pero la realidad americana obligó a revisar muchas de ellas. El encuentro —o, más exactamente, el violento choque— entre sociedades produjo consecuencias intelectuales que excedieron ampliamente el escenario americano.
El libro posee además una importancia particular porque permite comprender la genealogía de algunas ideas modernas sobre derechos humanos y derecho internacional. Sería exagerado convertir directamente a los pensadores de la conquista en precursores completos de las concepciones contemporáneas, pero sí resulta evidente que las discusiones sobre la humanidad, libertad y soberanía de los pueblos indígenas contribuyeron a ampliar el horizonte de la reflexión jurídica occidental.
La lectura de Zavala también permite desmontar una imagen excesivamente simple de la relación entre religión y conquista. La Iglesia no constituyó un bloque homogéneo que hubiera producido una única doctrina justificatoria. Existieron dentro del mundo cristiano posiciones enfrentadas, críticas radicales y debates que cuestionaron prácticas concretas de la colonización. Esta diversidad resulta fundamental para comprender el período sin caer en explicaciones esquemáticas.
“La Filosofía Política en la Conquista de América” es, sobre todo, un libro que devuelve densidad intelectual a un proceso histórico que con frecuencia se narra exclusivamente mediante fechas, batallas y protagonistas. Silvio Zavala demuestra que junto a las armas existieron conceptos; junto a la conquista territorial, una disputa por definir la legitimidad; junto a la explotación económica, una discusión acerca de los derechos de quienes eran sometidos. La obra permite comprender que la conquista de América fue también una gigantesca confrontación filosófica y jurídica en torno a cuestiones que todavía forman parte de nuestras discusiones políticas: quién puede ejercer autoridad, qué derechos poseen los pueblos, cuándo una guerra puede considerarse justa, hasta dónde llega la soberanía y qué límites deberían existir para el poder. Quizá uno de los aspectos más perturbadores de esta historia sea precisamente que aquellos conquistadores que disponían de una ventaja militar abrumadora necesitaran construir una elaborada justificación intelectual para explicar por qué tenían derecho a ejercerla. Las espadas podían ocupar territorios con relativa rapidez; conseguir que esa ocupación pareciera legítima requería bastante más trabajo. Y es en ese segundo escenario, mucho menos visible pero intelectualmente fascinante, donde Zavala encuentra una de las claves para comprender la compleja filosofía política que acompañó a la conquista de América.

👉 https_://ganz1912._com/tg95 👈
[Para acceder, copiar y pegar el enlace, luego borrar los dos guiones bajos y actualizar la página. Ante cualquier duda, mirar el vídeo explicativo en la sección de «Destacados» de la página]

Dirección

Acapulco

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando La Historia De Cada Día publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Universidad

Enviar un mensaje a La Historia De Cada Día:

Atajos

Compartir

Categoría