10/08/2026
Desde niño, Mario Molina sentía curiosidad por entender cómo funcionaba el mundo.
Esa curiosidad lo llevó a estudiar química y, años después, a realizar investigaciones que ayudaron a comprender el daño que ciertos compuestos estaban causando a la capa de ozono.
Su trabajo no se quedó en un laboratorio.
Contribuyó a cambiar la manera en que el mundo entendía el impacto de nuestras acciones sobre la atmósfera y fue reconocido con el Premio Nobel de Química en 1995.
Su historia nos recuerda algo muy poderoso:
aprender también puede convertirse en una forma de transformar el mundo.
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