16/11/2022
“La distorsión del Yo en términos de un Self falso y verdadero”.
En el día a día solemos pensarnos y pensar a los demás como personas completas, tal vez con conflictos, distintas facetas de personalidad y con contradicciones, sin embargo todo contenido en una sola persona, no obstante esta concepción tiene su parte de verdadero puede resultar un tanto engañosa. ¿Qué pasa cuando las contradicciones y los conflictos presentes en un sujeto rebasan la capacidad de éste de mantener un equilibrio o un acuerdo que le proporcione un algo de estabilidad emocional? ¿Cuándo sentimos que no hay la anhelada congruencia entre lo que mostramos al mundo y lo que sentimos y pensamos? Es ahí cuando comienzan los problemas, las crisis y los momentos de tensión. Si uno acude a una psicoterapia en busca de un alivio a éste caos interno el terapeuta puede apreciarlo desde diferentes abordajes, aunque si el terapeuta es uno que se ha formado siguiendo los planteamiento teóricos de Donald Winnicott, tal vez aprecie al paciente preguntándose si lo que ocurre en la persona que consulta es una división de la misma en dos: un self verdadero y un self falso.
Winicott desarrolla una conceptualización y distinción entre éstos términos en su artículo de 1960 “La distorsión del Yo en términos de un Self falso y verdadero” en donde expone como en el desarrollo del infante, aquella criatura que aún no ha adquirido el lenguaje y que ante la imposibilidad de utilizarlo como medio de expresión y frente a su vulnerabilidad biológica y psíquica existe en un periodo de total dependencia hacia la madre o quien ejerza ésta función existe un proceso de construcción de un Yo dividido en dos: un Self verdaero y un self falso. En la constitución de ambos el papel desempeñado por la madre en el sostén del infante es de suma relevancia, esto se percibe al comparar dos extremos: en un extremo, la madre es suficientemente buena, capaz de entender y responder a las necesidades del bebé, satisfaciendo la ilusión de omnipotencia hasta que éste sea capaz de soportar el desengaño de ésta ilusión dándose cuenta además de que ha estado imaginando y jugando y sentando las bases para el proceso de simbolización.
En el otro extremo, la madre no es “suficientemente buena” pues falla en satisfacer el gesto espontáneo de la criatura, reemplazandolo por su propio gesto, actuando desde su sentir y generando una sumisión en el infante la cual es la etapa más temprana del self falso ya que el bebé no puede oponerse a la sumisión y gesta un self falso que complace a la madre, una manera de reaccionar frente al ambiente desde los significados de ésta y a partir de ahí relacionarse con el mundo, de modo que el niño crece actuando como la madre, la niñera, la tía o quién haya sostenido en ese momento. Esto, respecto a la etiología parece algo negativo, sin embargo, el self falso tiene una función positiva y muy importante: ocultar al self verdadero, sometiéndose a las exigencias del ambiente y protegiendo a este self verdadero, inicial e inmaduro, del peligro de la aniquilación que significaría su explotación mientras se conforma. El asunto se complica cuando el desarrollo del self falso se va hacia el extremo donde el self verdadero está tan bien oculto que el self falso se establece como real y es lo que los observadores tienden a pensar que es la persona real. Pero en las relaciones de vida, de trabajo, en las amistades, el self falso empieza a fallar. En situaciones en las que se espera una persona total, el self falso presenta alguna carencia esencial y la persona comienza a sentir que vive de manera falsa o irreal.
De acuerdo con Winnicott, en términos de salud, el self falso ayuda al sujeto a poder adaptarse al medio, por ejemplo favoreciendo una actitud social cortés y bien educada, un "no decir las cosas con franqueza y sinceridad". Aumentado la capacidad del individuo para renunciar a la omnipotencia y al proceso primario en general, gracias
a lo cual se ha ganado un lugar en la sociedad que nunca podría haberse obtenido o mantenido gracias al self verdadero solamente.
De ésta manera, el "self falso" tiene que equilibrarse con el "self verdadero", adoptando su función defensiva, permitiendo al sujeto adaptarse, adoptar varios papeles sin sentir una ruptura de quién él es. Cómo un actor que puede ser él mismo e interpretar un papel sin que esos papeles sean los únicos dónde se encuentra a sí mismo.
Así, el individuo sano es aquel que tiene un self falso con un aspecto sumiso, pero que existe y funciona y que deja lugar y protege la existencia de un self creativo y espontáneo creando la capacidad para vivir en un ámbito intermedio entre el sueño y la realidad, entre el mundo social y el más íntimo, integrado como uno sólo, que no traiciona sino es flexible, capaz de jugar, inventar y ser para , con y a pesar de sí y de los otros.
Ana Patricia Rodríguez. Residente de segundo año de la Maestría en Psicoterapia para Adolescentes. Facultad de Psicología.