09/05/2026
LABRANZA DE VELAS EN EL PUEBLO DEL TEMBLOR
Por Gubidxa Guerrero Luis / Fotografías: Gusibí Guerrero Ramos
Guichixú —o Guidxixú, en su escritura zapoteca original (Guidxi: Pueblo / Xu: Terremoto, Movimiento, Poder)— es un poblado binnizá enclavado en la Sierra de Guevea, también llamada Sierra Zapoteca Istmeña o Sierra Mixe-Zapoteca, perteneciente al municipio de Santiago Laollaga (Lahui: Locativo, Centro / Yaga: Árbol, Arboleda), en el Istmo de Tehuantepec.
Su templo está dedicado a la Santa Cruz. Por ello, desde el 30 de abril, el pueblo inicia con una Calenda para dar la bienvenida al mes festivo. Al día siguiente se celebra una Misa y un Día de Fiesta —Dxi Laní, en zapoteco de Juchitán— que cierra con un baile de lavada de ollas el día 2, organizado por los Mayordomos de la Entrada de Mes. El 5 de mayo, la comunidad realiza un Tequio de limpieza general, preparándose con esmero para la Fiesta Grande en honor a la Santa Cruz 12 de Mayo.
La celebración mayor comienza propiamente desde la noche del 7 de mayo, cuando se traen del Templo del pueblo la cera y los enseres necesarios para la elaboración de los cirios, que son depositados en el altar familiar en espera de la labranza del día siguiente. El 8 de mayo, la Labranza de Velas tiene lugar en casa del Padrino o Mayordomo de Labranza de Velas, quien este año es el joven Eliseo Iglesias López.
UNA FECHA SAGRADA
El 8 de mayo no es una fecha cualquiera. En Dani Beedxe' —'Montaña del Jaguar', Monte Albán, antigua capital del Reino Zapoteca— existe un marcador arquitectónico que permite apreciar el Sol Cenital: el momento en que el sol se sitúa exactamente en el punto central del cielo, sin proyectar sombra alguna. Mientras este fenómeno astronómico ocurre en la imponente zona arqueológica, en Guidxixú la comunidad se reúne para su propio ritual sagrado.
EL RITUAL
Desde la noche anterior, cuando la cera de abeja es recibida y depositada, el espacio se sacraliza. Cera, cirios que no terminaron de arder en fiestas anteriores, sillitas con una cruz en el respaldo, cazuelas, jícaras y demás utensilios son colocados en el altar familiar, frente a la Mexa Bidó —'Mesa de Divinidad' o 'Mesa de Santos'— donde son sahumados con incienso. Los acompañantes, especialmente niñas y niños, disfrutan de agua de horchata con galletas. Todos reciben un presente o 'cariño', y tamales elaborados colectivamente desde temprana hora con la ayuda de vecinas del pueblo.
El 8 de mayo, desde temprano, el pueblo es convocado mediante cohetes cuyos retumbos hacen eco en los cerros que lo rodean. Mujeres y hombres acuden por igual.
Las señoras preparan los alimentos que se servirán a quienes elaboran los cirios de cera de abeja. Los varones se organizan en varios equipos: quienes hacen el fuego para derretir la cera, quienes elaboran los pabilos, y quienes se sientan alrededor de los aros donde se labrarán las velas. El aro, tradicionalmente, es del bejuco espinoso conocido como rompecapa.
Todos colaboran. Es particularmente relevante el papel de los Principales del pueblo, quienes dirigen, supervisan y enseñan a adultos y jóvenes a "bañar" los pabilos, actividad en la que los reunidos participan de manera alternada. La faena dura aproximadamente seis horas, al cabo de las cuales se han creado más de 120 cirios convencionales y seis Cirios Mayores, de cera virgen y más grandes de tamaño. Concluida la labor, los aros rodeados de velas son elevados con cuerdas y sujetados a los orcones de la enramada, construida días antes con la solidaridad de parientes y amigos.
Durante la labranza se reparten aguas frescas de sabor, cervezas y copitas de mezcal. El ambiente es de armonía genuina: jóvenes, adultos y abuelos conviven y conversan durante horas mientras ejecutan este trabajo que es, también, un acto sagrado.
Al evento suelen llegar los Representantes de las Fiestas Patronales y las autoridades de la población.
LA OFRENDA QUE VIAJA
Las velas y cirios resultantes son bendecidos. Algunos adornarán el altar principal del templo del pueblo desde el día 11 de mayo, cuando se reciba a las comunidades vecinas en la ceremonia de Recepción de sus ofrendas florales y ciriales. Pero la inmensa mayoría de las velas será llevada a pueblos zapotecas hermanos de la región y a algunos pueblos mixes con quienes se guarda una relación de amistad y respeto mutuo.
En vísperas de cada fiesta patronal de los pueblos de la región, delegaciones portando ofrendas se visitan entre sí. Cada vela entregada por las representaciones de Guichixú a los templos de los pueblos vecinos, fue elaborada con el concurso de toda la comunidad. Por eso es tan importante.
UNA TRADICIÓN VIVA
Se almuerzan tamales y se come un delicioso caldo al terminar la labranza o labrada. Todavía queda tiempo para un momento de convivencia, en que no es raro que los asistentes bailen. Se cuelgan también obsequios —pañuelos, morrales, trastos— que son compartidos entre los asistentes.
La Labranza de Velas de Guidxixú es una tradición viva que refuerza los lazos comunitarios y el espíritu de responsabilidad colectiva. La colaboración en torno a un fin común —honrar a la Santa Cruz y expresar respeto a otras comunidades— hace posible y fortalece la convivencia intercomunitaria.
Esta tradición es, además, similar a las Labradas de Cera que realizan sus hermanos de Ixtaltepec, Juchitán, Ixtepec y muchos otros pueblos originarios de México.
Guidxixú, Sierra Zapoteca Istmeña, Istmo de Tehuantepec.