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La Filosofía Masónica: Ciencia del Espíritu y Arte de la VidaLa Masonería no es únicamente una fraternidad ni un conjunt...
11/05/2026

La Filosofía Masónica: Ciencia del Espíritu y Arte de la Vida

La Masonería no es únicamente una fraternidad ni un conjunto de rituales; es, ante todo, una filosofía viva. Una forma de pensar y de ser que busca la armonía entre el hombre y el cosmos, entre la razón y la virtud, entre la libertad y la responsabilidad.

La filosofía masónica parte de una premisa esencial: el ser humano es una piedra bruta que debe ser trabajada. La escuadra, el compás y el nivel no son meras herramientas, sino símbolos de un proceso interior. La Masonería enseña que la vida es un taller, y cada acto es un golpe de cincel que acerca al hombre a su perfección.

La filosofía masónica es un camino iniciático. No se limita a la especulación intelectual, sino que exige acción, coherencia y transformación. El masón no estudia símbolos para acumular conocimiento, sino para vivirlos: la escuadra en su rectitud, el compás en su equilibrio, la plomada en su justicia.

La verdadera obra de la Masonería no es el templo físico, sino el Templo interior. Cada iniciado es arquitecto de sí mismo, constructor de su conciencia, y al mismo tiempo piedra viva en el edificio universal de la humanidad.



09/05/2026

Estatua dedicada a los trabajadores de la presa de Chicoasén en el Parque Nacional Cañón del Sumidero, Chiapas. Presa hidroeléctrica en Chiapas, México.

“Algunos hermanos dejan huellas, otros las contemplan. Pero el tiempo no espera: cada instante es llamado a la acción. El sabio no se aferra al aplauso ni al juicio ajeno, pues sabe que la verdadera obra se talla en silencio, en la constancia y en la virtud. Que nuestras huellas no sean vanas, sino señales de firmeza y de servicio. Es tiempo de caminar con rectitud, porque la eternidad observa.”



La unidad de los elementos.Hermanos. El símbolo que contempla al hombre en el centro del círculo y del pentagrama nos re...
05/05/2026

La unidad de los elementos.

Hermanos. El símbolo que contempla al hombre en el centro del círculo y del pentagrama nos recuerda que la Masonería es la ciencia de la totalidad. El iniciado no es fragmento, sino microcosmos: reflejo vivo del orden universal.

El Vacío proclama “Yo Soy”: la raíz ontológica del ser, el misterio de la existencia que antecede a todo pensamiento.

El Aire afirma “Yo pienso”: la razón que sopla como viento creador, brújula de discernimiento y medida de la escuadra.

El Agua murmura “Yo siento”: la corriente invisible de la fraternidad, donde la emoción se convierte en vínculo y comunión.

La Tierra sostiene “Yo actúo”: la piedra bruta que se p**e con trabajo, disciplina y constancia, fundamento del Templo.

El Fuego arde en “Voluntad”: llama interior que no se extingue, fuerza que impulsa la construcción y la transformación.

Cada elemento es una puerta hacia la plenitud del ser. El masón, al integrarlos, se convierte en arquitecto de sí mismo, en puente entre lo visible y lo invisible, en testimonio de que la vida es obra y el hombre es templo.

Que este símbolo nos recuerde que la verdadera iniciación no consiste en acumular grados, sino en armonizar pensamiento, sentimiento, acción y voluntad, hasta que el “Yo Soy” se revele como reflejo del Gran Arquitecto del Universo.




El Compás y su MisterioEl compás, al abrirse en un ángulo de 60 grados, revela el secreto del triángulo equilátero, figu...
04/05/2026

El Compás y su Misterio

El compás, al abrirse en un ángulo de 60 grados, revela el secreto del triángulo equilátero, figura primordial de la geometría sagrada. No es casualidad: es un signo de equilibrio, perfección y lo divino.

Ese ángulo nos recuerda que la vida del iniciado debe sostenerse sobre tres columnas eternas:

- Sabiduría: discernir lo que es recto.
- Fuerza: tener la disciplina para obrar conforme a ello.
- Belleza: ejecutar con propósito, armonía y elevación.

Muchos hombres aprenden a cuadrar sus acciones en público, pero pocos logran gobernarse en privado. Ahí reside la verdadera enseñanza del compás: trazar límites invisibles, recordándonos que:

- No todo impulso merece acción.
- No toda emoción exige dominio.
- No todo deseo está llamado a conducirnos.

El compás es el guardián de la intimidad espiritual, el instrumento que nos enseña a ordenar la vida interior y a someter las pasiones al imperio de la razón.

La labor del masón no es alcanzar una perfección imposible, sino buscar la alineación constante: pensamientos, acciones y propósito apuntando en la misma dirección.

Porque no basta con mirar hacia fuera; la verdadera construcción comienza en lo secreto del corazón. El compás nos invita a edificar desde dentro, hasta que nuestra existencia entera se convierta en un templo vivo de rectitud y armonía.

La apertura del compás es una enseñanza silenciosa: vivir con equilibrio, unir lo humano con lo divino, y transformar la disciplina en arte de vida. Es el recordatorio de que la masonería no se limita a símbolos externos, sino que exige la transfiguración íntima del hombre que los contempla.






En Memoria de Belisario DomínguezHoy evocamos el nacimiento de Belisario Domínguez Palencia, hijo de Chiapas y de la pat...
26/04/2026

En Memoria de Belisario Domínguez

Hoy evocamos el nacimiento de Belisario Domínguez Palencia, hijo de Chiapas y de la patria, médico de vocación y ciudadano de convicción, quien nos enseñó que la voz del pueblo, cuando se alza con dignidad y verdad, es más fuerte que cualquier tiranía.

Su palabra fue fuego contra la opresión, su pensamiento, faro para los liberales, y su sacrificio, piedra angular de la democracia que aún defendemos. No habló por ambición, sino por deber; no buscó honores, sino justicia; y en su valentía nos dejó la certeza de que la libertad se conquista con coraje.

Recordarlo no es un acto de nostalgia, sino un compromiso vivo: ser dignos de su ejemplo,
no callar ante la injusticia, y mantener la fraternidad y la voluntad como armas de construcción nacional. Su voz, silenciada por la violencia, resuena todavía en cada conciencia que se niega a aceptar la opresión como destino inevitable.

Que cada aniversario de su nacimiento sea un llamado a la conciencia, un despertar de la voluntad ciudadana, y un homenaje a la libertad, que él defendió con su vida, para que nosotros la defendamos con la nuestra.

Que su memoria nos recuerde que la democracia no es dádiva, sino conquista permanente; que la fraternidad no es palabra, sino acción compartida; y que la verdad, aunque perseguida, se convierte siempre en semilla de futuro.

Hoy, al honrar a Belisario Domínguez, honramos también la raíz liberal de México, esa raíz que nos llama a ser valientes, a ser fraternos, y a ser libres.



Hay estructuras que no fueron creadas para ser entendidas únicamente con la mente… sino para ser habitadas.El Árbol de l...
25/04/2026

Hay estructuras que no fueron creadas para ser entendidas únicamente con la mente… sino para ser habitadas.

El Árbol de la Vida —ese mapa que muchos observan como símbolo— es, en realidad, un plano operativo de la consciencia. No describe algo externo: te describe a ti.

Cada esfera es un estado. Cada sendero, una transición. Cada conexión, una ley invisible que rige cómo fluye tu energía, tu voluntad y tu percepción.

Cuando lo contemplas como un diagrama técnico, como en este plano, algo cambia: deja de ser místico en el sentido difuso… y se vuelve preciso.

Aquí no hay dogma.
Hay arquitectura.

La Corona no es un concepto lejano: es el punto de origen de toda idea antes de tomar forma.
La Voluntad no es deseo: es dirección consciente del fuego interno.

La Armonía no es paz superficial: es equilibrio dinámico entre fuerzas opuestas.

La Base no es lo más bajo: es el punto donde lo invisible decide manifestarse.

Y en el centro…
late el eje silencioso: el corazón del sistema, donde lo superior y lo inferior dejan de ser opuestos.

Este tipo de representación nos recuerda algo fundamental:
no estamos fragmentados… estamos mal conectados.

El trabajo no es “ascender” como quien huye del mundo, sino alinear cada nivel de nuestro ser como si se tratara de una maquinaria sagrada.

●Pensamiento.
●Emoción.
●Acción.
●Materia.

Cuando las conexiones son claras, la energía fluye sin resistencia. Cuando hay bloqueos, el sistema entero se distorsiona.

Por eso, estudiar este “plano” no es un acto intelectual… es una forma de reconfiguración interna.

Obsérvalo como ingeniero.
Siéntelo como iniciado.
Y sobre todo… constrúyelo como creador.

Porque el verdadero Árbol de la Vida no está en el papel. Está en la forma en la que decides vivir.

El Egregor en la Logia: la fuerza invisible que nos une  En el estudio de la tradición masónica, uno de los conceptos má...
21/04/2026

El Egregor en la Logia: la fuerza invisible que nos une

En el estudio de la tradición masónica, uno de los conceptos más sutiles y a la vez más poderosos es el del Egregor. Este término, heredado de antiguas corrientes esotéricas, designa una entidad colectiva, una energía viva que surge de la suma de pensamientos, emociones e intenciones de un grupo unido por un propósito común.

Naturaleza y origen
El Egregor nace de la convergencia de pensamientos y sentimientos semejantes, que se cristalizan en planos superiores —astral y mental—. No es obra de un individuo, sino de la comunidad entera; no pertenece a nadie, pero influye en todos.

Fuerza colectiva
Cuanto más antigua y cohesionada es la colectividad, mayor es la intensidad de su poder. Familias, naciones, comunidades religiosas y, en nuestro caso, la Logia, generan campos de energía que trascienden lo visible y sostienen la obra común.

Influencia y vigilancia
El Egregor actúa como una presencia que busca perpetuarse, retornando a sus creadores. Puede ser constructivo —armonía, meditación, fraternidad— o destructivo —miedo, odio, ambición—, pues se alimenta de la calidad de las emociones y pensamientos que lo nutren.

Estructura dual
Se sostiene en dos pilares invisibles:
- El cuerpo astral, nutrido por las emociones.
- El cuerpo mental, alimentado por los pensamientos y hábitos.

El Egregor en la Logia
Dentro de la Logia, el Egregor no es una abstracción teórica, sino una realidad palpable para quien sabe observar. Se construye en cada Tenida, se fortalece con la disciplina ritual, con la pureza de intención de los hermanos y con la armonía en el trabajo.

Un Egregor fuerte eleva la conciencia del Taller, ilumina la comprensión de los símbolos y crea un ambiente propicio para el crecimiento espiritual y moral. Por el contrario, cuando la Logia pierde cohesión y las pasiones profanas penetran el recinto, ese campo se debilita y el trabajo se vuelve estéril.

Responsabilidad y cuidado
Los antiguos sabían que toda obra colectiva deja una huella invisible. En Masonería, esa huella se cultiva conscientemente: cada palabra pronunciada, cada silencio respetado, cada gesto ritual alimenta o empobrece el campo común.

El Egregor es, en última instancia, un espejo del estado interior de la Logia: refleja su salud, su compromiso y su profundidad. Cuidarlo no es un acto místico aislado, sino una responsabilidad cotidiana.

Conclusión
El verdadero templo no se edifica únicamente con columnas, símbolos y grados, sino con la calidad de la presencia y los pensamientos de quienes lo habitan. Más allá de los rituales, lo que sostiene a la Logia es esa fuerza invisible que todos construimos juntos: el Egregor, vínculo sagrado que nos une en fraternidad y nos impulsa hacia la luz.






El verdadero origen de la Masonería: de oficio antiguo a fraternidad universal  La Masonería no emergió como una socieda...
20/04/2026

El verdadero origen de la Masonería: de oficio antiguo a fraternidad universal

La Masonería no emergió como una sociedad secreta en el sentido vulgar que la imaginación popular suele atribuirle. Su raíz se hunde en los antiguos gremios de constructores y canteros medievales, aquellos hombres que, con ciencia y arte, erigían catedrales, puentes y templos monumentales en una época en que el conocimiento arquitectónico era un tesoro reservado y celosamente custodiado.

En esos talleres, el saber técnico se transmitía con discreción, protegido por signos, palabras y reglas internas que aseguraban la identidad de los iniciados y la excelencia del trabajo. Con el transcurso de los siglos —especialmente entre el XVII y el XVIII— la Masonería operativa se transfiguró en Masonería especulativa, desplazando la piedra y el cincel hacia el terreno del espíritu, y convirtiendo las herramientas en símbolos de virtud y perfección interior.

La escuadra dejó de ser mero instrumento para convertirse en emblema de rectitud; el compás, en medida de equilibrio y armonía; la piedra bruta, en metáfora del ser humano que, mediante disciplina y conciencia, busca pulirse hasta alcanzar la forma de la piedra cúbica perfecta. Así, la Masonería se tornó escuela de vida, donde la construcción ya no era de muros, sino de almas.

Su discreción, lejos de ocultar sombras, preservó la pureza de un legado. El misterio que la rodea no nace de conspiraciones, sino de la fascinación humana por lo velado y lo sagrado. Lo que parece secreto es, en realidad, un lenguaje simbólico que invita a la reflexión, un velo que protege la tradición y que, al mismo tiempo, incita a la búsqueda interior.

El verdadero arcano de la Masonería no consiste en esconderse, sino en revelar al iniciado que la obra más sublime es la de construirse a sí mismo: levantar templos de virtud en el corazón, erigir columnas de sabiduría en la mente, y coronar la vida con la luz de la fraternidad universal.






Sublimes Hermanos: La Plomada no es un simple peso suspendido al extremo de una cuerda; es el símbolo augusto de la rect...
19/04/2026

Sublimes Hermanos:

La Plomada no es un simple peso suspendido al extremo de una cuerda; es el símbolo augusto de la rectitud, el instrumento que nos recuerda que toda construcción espiritual debe erguirse con firmeza hacia lo alto y con fidelidad hacia lo profundo.

El albañil operativo la emplea para asegurar la verticalidad de sus muros; _el masón especulativo la contempla como el criterio infalible de la honradez de vida y la rectificación de la conducta._ En ella se cifra la enseñanza de que nuestra existencia debe elevarse sin desviaciones, pues un edificio que no está a plomo se derrumba, y una vida que no se rige por principios rectos se desmorona ante los ojos de los hombres y del Gran Arquitecto.

La Plomada es la joya del Segundo Vigilante, guía de los Aprendices, y herramienta esencial del Compañero en su viaje interior. Ella nos recuerda que hemos llegado a la Logia movidos por la aspiración vertical hacia lo espiritual, y nos invita a descender en nosotros mismos para hallar el Centro oculto del Yo verdadero. No es casual que en la tradición hebrea Anoki (Yo) comparta raíz con Anakh (Plomada): el símbolo nos enseña que el descubrimiento del propio ser requiere seguir la línea recta que la Plomada marca en nuestro interior.

En la ciencia del espíritu, narrada por la Kabbalah, la Plomada es el hilo de luz que emergió tras el tzimtzum, la contracción del Gran Arquitecto para dar lugar al Universo. Asociada a la letra Vav, la que une cielo y tierra, la Plomada nos recuerda que somos puente entre lo humano y lo divino, y que nuestra vida debe ser ese vínculo indisoluble que sostiene la obra eterna.

La Plomada exige del iniciado sinceridad en palabras y acciones, firmeza ante la adversidad y desapego frente a la prosperidad. Es el esfuerzo vertical que nos libra de las pasiones desordenadas y nos conduce por la senda de la inmortalidad gloriosa.

Así, cada vez que la contemplamos en nuestros trabajos, recordemos que no es un objeto inerte, sino la voz silenciosa del Gran Arquitecto que nos dice: “Sé recto, sé firme, sé verdadero… y tu vida será como un templo erguido a plomo, duradero y digno de la eternidad.”


El huevo de Pascua y la masoneríaLa Pascua cristiana marca el final de la Semana Santa, donde se conmemora la muerte y r...
05/04/2026

El huevo de Pascua y la masonería

La Pascua cristiana marca el final de la Semana Santa, donde se conmemora la muerte y resurrección de Jesús. Tras ella se abre el Tiempo Pascual, cincuenta días que culminan en Pentecostés.

●En hebreo, Pesah significa “salida de la trampa” o “pasar más allá”. Para el pueblo judío, es la memoria de la liberación de Egipto, celebrada en la primera luna llena de primavera, según el calendario lunar. De ahí que la Semana Santa varíe cada año, pues se ajusta al ciclo de la luna.

●Para los cristianos, Pascua es el triunfo de Cristo sobre la muerte, el paso de la oscuridad a la vida. En un sentido profano, simboliza la liberación de toda opresión y del cautiverio interior que nos impone el mundo.

●Astronómicamente, la Pascua coincide con el equinoccio de primavera, cuando el Sol entra en Aries y el día y la noche se equilibran en ambos hemisferios.

Así, la Pascua se revela como un símbolo universal de tránsito y renovación: del esclavo al libre, de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz.

●El huevo de Pascua, tan difundido en la tradición popular, encierra un profundo simbolismo que dialoga con la Masonería. El huevo es, en sí mismo, un microcosmos: una cáscara que protege, un interior latente, y una vida que espera nacer. Es la representación del misterio de la iniciación: aquello que está oculto y que, tras el rito, se abre para revelar la luz.

●En la Pascua cristiana, el huevo decorado simboliza la vida nueva que surge de la resurrección. En la tradición masónica, podemos leerlo como la piedra bruta que guarda en su interior la semilla de la perfección. Romper el huevo es un acto de liberación: la salida de la prisión de la ignorancia hacia la claridad del conocimiento.

●Así como el pueblo hebreo celebraba la Pascua como liberación de la esclavitud, y los cristianos como triunfo sobre la muerte, el masón puede ver en el huevo de Pascua la metáfora de su propio tránsito iniciático:
- La cáscara representa las tinieblas, las limitaciones y las cadenas del mundo profano.
- El interior oculto es la verdad velada, el potencial espiritual y moral que aguarda ser descubierto.
- La ruptura del huevo es el acto iniciático, el paso de las tinieblas a la luz, la revelación de la vida nueva.

●El acto de regalar o compartir huevos de Pascua puede entenderse como un gesto de fraternidad: ofrecer al hermano la posibilidad de abrir un símbolo y descubrir en él la promesa de renovación. Cada huevo, con sus colores y ornamentos, es también un recordatorio de que la iniciación no es un instante, sino un proceso constante de desbastar la piedra bruta, de abrir capas hasta llegar al núcleo luminoso.

●De este modo, la Pascua y sus huevos se convierten en un espejo de la labor masónica: un llamado permanente a la regeneración, a la esperanza, y al triunfo de la luz sobre la oscuridad, de la verdad sobre el error, de la libertad sobre la tiranía.




La Masonería Mexicana celebra el CLXIV aniversario de la Gran Logia Valle de México, la institución masónica más grande ...
07/02/2026

La Masonería Mexicana celebra el CLXIV aniversario de la Gran Logia Valle de México, la institución masónica más grande de habla hispana en el mundo.

“Chiapas honra el legado masónico: 164 años de la Gran Logia Valle de México” y del liderazgo del Muy Respetable Gran Maestro Ángel González Cruz.

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