20/10/2018
LA CULTURA Y EL FEMINISMO
Antonieta nació en la Ciudad de México un 28 de abril de 1900, en un núcleo familiar aristócrata del porfiriato, que encabezaba el célebre arquitecto Antonio Rivas Mercado, autor del Ángel de la Independencia.
Vivian Blair, recuerda con entusiasmo que su abuela tuvo como mayor causa el empuje a la cultura, al ser mecenas de proyectos que dieron vida a la hoy Orquesta Sinfónica Nacional y modernizaron el quehacer teatral del México posrevolucionario.
De personalidad retadora que reflejó con el cabello corto y el uso de pantalones, acciones inusuales en la sociedad mexicana de principios del siglo XX, esta mujer jugó un papel importante dentro del movimiento de liberación femenina.
ACTIVISTA POLÍTICA
Siempre preocupada por la equidad de género, Antonieta es considerada como precursora del feminismo en nuestro país, afirma la actriz Angélica Aragón, amiga de la familia directa de este personaje y testigo de las primeras investigaciones sobre la también activista política.
“Gran influencia que tienen todos los actos que ella escoge como manera de manifestarse a principios del siglo XX. Desde el tipo de corte de pelo, era un acto de valor el cortárselo y dejarse retratar así, el manifestarse como una mujer que no acataba ningún tipo de reglamento, ningún tipo de costumbre que no estuviera de acuerdo a sus convicciones. Entonces sumamente independiente y libre”.
La vida de Antonieta Rivas Mercado se entrelazo con la de personajes como Diego Rivera, Frida Kahlo, García Lorca o José Vasconcelos, quien se dice fue uno de los motivos para que se quitara la vida en 1931, dentro de la catedral Notre Dame, escándalo internacional que le valió el olvido de su familia y de la sociedad mexicana.
SU DIARIO LLEGA A LA UAEM
El Diario de Antonieta Rivas Mercado, que llegó a la Universidad Autónoma del Estado de México como una donación del investigador Luis Mario Schneider en 1999, dejó una deuda pendiente con el único hijo de una mujer apasionada por la cultura y su país.
Vivian Blair recuerda que su padre, Donald Antonio Blair, añoraba tener este documento en sus manos, como una forma de reencontrarse con la madre que perdió a los once años y que tras un sentimiento de odio por pensar que lo había abandonado, logro perdonarla en el ocaso de su vida.
“El llego a compartime que ellos vivían en una pensión en Burdeos, ella había ya perdido toda su fortuna por el patrocino a la campaña de Vasconcelos. Y cuando nos enteramos que el diario estaba en esta universidad, me dijo a mi me gustaría tenerlo”.
La vida de Antonieta, apasionada y confusa, estuvo marcada por el conocimiento y la necesidad de justicia social. No olvidarla sería el mejor homenaje que las nuevas generaciones podrían hacerle.
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