03/10/2023
3 de octubre: GLORIOSO TRÁNSITO DE NUESTRO SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO DE ASÍS.
Habían transcurrido ya veinte años desde su conversión. Quedaba así cumplido lo que por
voluntad de Dios le había sido manifestado. Había descansado unos pocos días en aquel lugar, para él tan querido; conociendo que la muerte estaba muy cercana, llamó a dos hermanos e hijos suyos preferidos, y les mandó que, espiritualmente gozosos, cantaran en alta voz las alabanzas del Señor por la muerte que se avecinaba, o más bien, por la Vida que era tan inminente. Y él entonó con la fuerza que pudo aquel salmo de David: «A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor».
Entre los presentes había un hermano a quien el Santo amaba con un afecto muy distinguido; era él muy solícito de todos los hermanos; viendo este hecho y sabedor del próximo desenlace de la vida del santo, le dijo: «¡Padre bondadoso, mira que los hijos quedan ya sin padre y se ven privados de la verdadera luz de sus ojos! Acuérdate de los huérfanos que abandonas y, perdonadas todas tus culpas, alegra con tu santa bendición tanto a los presentes cuanto a los ausentes». «Hijo mío -respondió el santo-, Dios me
llama.Amis hermanos, tanto a los ausentes como a los presentes,les perdono todas las ofensas y culpas y, en cuanto yo puedo, los absuelvo; cuando les comuniques estas cosas, bendícelos a todos en mi nombre».
Mandó luego que le trajesen el códice de los evangelios, y pidió que se le leyera el Evangelio de san
Juan desde aquellas palabras: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de
pasar de este mundo al Padre...». Ordenó luego que le pusieran un cilicio y que esparcieran ceniza sobre él,
ya que dentro de poco sería tierra y ceniza.
Estando reunidos muchos hermanos, de los que él era padre y guía, y aguardando todos reverentes el feliz desenlace y la consumación dichosa de la vida del santo, se durmió en el Señor.
Conocido esto, se congregó una gran muchedumbre que bendecía a Dios diciendo: «¡Loado y bendito seas tú, Señor Dios nuestro! ¡Gloria y alabanza a ti, Trinidad inefable!».
En alabanza de Cristo y de su siervo Francisco. Amén.