24/05/2021
Manuel Rodríguez Vizcarra: Belleza y Bondad
Gerardo Puertas Gómez.
Largueza y perspectiva son, a mi juicio, los elementos que han forjado el desarrollo cultural de Monterrey y de Nuevo León.
Porque, en una comunidad como la nuestra, frecuentemente alejada de las manifestaciones del espíritu humano, sin la generosidad y la visión de esas personas, nunca hubiesen podido surgir las instituciones que hoy conocemos y disfrutamos.
Uno de esos seres maravillosos fue, sin duda alguna, Manuel Rodríguez Vizcarra Sánchez.
Nacido en la Ciudad de México, con raíces paternas en Jalisco y maternas en Nuevo León, Rodríguez Vizcarra recibe de sus padres el preciado regalo de la apreciación de la belleza y estudia arquitectura en la capital de la República.
Atraído por la entonces reciente fundación del ITESM, llega a Monterrey, integrándose primero al claustro académico del Instituto y, posteriormente, siendo profesor en la Universidad de Nuevo León y en Arte A. C.
Es justo en el Tec, a fines de los años 40, donde mi madre es alumna suya y mi padre es su colega profesor, surgiendo entre ellos una amistad que perdurará durante décadas hasta la muerte del primero.
Por eso, para mí, el arquitecto Manuel Rodríguez Vizcarra Sánchez, siempre fue “Manuelito” y siempre será “tío Manuel”.
No sé cuando lo conocí. Lo recuerdo, desde mi más remota infancia, en mi casa y en la imprenta, en el concierto y en la exposición.
Le tengo muy presente comiendo en casa, compartiendo con nosotros su más reciente hallazgo en materia de pintura, de música, de poesía o de arquitectura.
Gracias a esas charlas íntimas y enriquecedoras, por ejemplo, aprendí a apreciar la pintura de Guillermo Ceniceros, la gráfica de Manuel Durón, la arquitectura de la Hacienda del Mu**to y la restauración de Manuel Serrano.
Le recuerdo en la imprenta de mi padre, tratando de explicarle al señor Adalberto Cerda, jefe de taller, los elementos que buscaba en el diseño de un libro, de una invitación o de una de sus creativas tarjetas navideñas.
Merced a esos encuentros pude conocer y valorar, por mencionar algunos casos, la poesía
de Pedro Garfias y el dibujo de Elvira Gazcón.
Le rememoro lo mismo en los conciertos de SAT y de Arte A. C., del Festival de Música y Danza y de la Escuela Superior de Música y Danza, en las exposiciones del Museo de Monterrey y en las presentaciones de Arte y Libros y Castillo, invariablemente ataviado a la moda, portando uno o varios libros bajo el brazo y compartiendo conocimientos y anécdotas sin fin.
Así, en torno a él, pude conocer y escuchar lo mismo a Hermilo Novelo que a Leopoldo Téllez o a la maestra Genoveva Franco Badillo que a la señora Vander, solo para referirme a personajes de talla nacional y regional.
Poesía en el Mundo y Sociedad Artística Tecnológico, Tecnológico de Monterrey y Universidad de Nuevo León, Arte A. C. y Casa de la Cultura, Oficina de Relaciones Culturales y Dirección de Cultura del Gobierno de Nuevo León, entre muchas otras instituciones e instancias, son tributarias de la profunda y vasta tarea cultural del arquitecto Rodríguez Vizcarra.
Pero, esencialmente, el legado cultural de tío Manuel, persiste y se despliega en centenares de alumnos suyos, del aula y de la vida y, hoy día, en millares de hijos y nietos de su tarea docente -en el sentido más amplio del término- que hemos sido beneficiarios de su fecunda trayectoria.
Contaba mi mamá que, Manuelito, invitaba con frecuencia a desayunar o a comer a su hogar a ella y a sus compañeros de arquitectura, entre los que estaban Eduardo Padilla, Francisco Fernández, Jaime Villarreal y Mario Arras, llegando todos de improviso al hogar de su maestro, donde eran recibidos por su inseparable Toñita quien, en una milagrosa acción de multiplicación de peces y de panes, echaba mano de lo que había para darles de comer y de beber a todos, generándose así una tertulia donde el Arquitecto les hablaba de sus más recientes deslumbramientos, lo mismo en la literatura o en la música, que en la pintura o en la arquitectura.
Esos -y otros muchos episodios- pintan de cuerpo entero al hombre y al maestro de buen corazón y de noble espíritu.
¡Gracias Arquitecto! ¡Gracias Manuelito! ¡Gracias tío Manuel!
Desde acá te mando un abrazo y te agradezco, en nombre de tantas y de tantos, por todo lo que hiciste por el arte y la cultura en Monterrey y en Nuevo León.
Dios te bendiga y te conceda siempre lo que tú nos regalaste siempre: Belleza y Bondad.
Monterrey, Nuevo León.
22 de mayo de 2021.