22/07/2026
En el Día del Perro: cuando cuidar a un animal también habla de quiénes somos
Cada 21 de julio celebramos el Día Mundial del Perro, una fecha que va mucho más allá de compartir fotografías de nuestras mascotas. Es una oportunidad para reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos hacia aquellos seres que, sin hablar nuestro idioma, forman parte de millones de familias y dependen de nuestro cuidado.
En México, esta responsabilidad no es únicamente una cuestión de afecto: también es un compromiso legal. La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, la Ley General de Vida Silvestre y los códigos penales de las entidades federativas reconocen y sancionan el maltrato animal. Aunque las regulaciones varían entre estados, hoy existe un consenso creciente: los animales no son objetos, sino seres sintientes que merecen protección y un trato digno.
Sin embargo, la pregunta es mucho más antigua que nuestras leyes.
Desde la filosofía, la relación entre el ser humano y los animales ha sido objeto de reflexión durante siglos. Aristóteles distinguía al ser humano por su capacidad racional, pero reconocía que los animales participan de la vida y de la sensibilidad. Arthur Schopenhauer fue aún más contundente al afirmar que "la compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad de carácter que puede asegurarse que quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona." Para el filósofo alemán, la manera en que tratamos a los más vulnerables revela nuestro verdadero carácter.
La tradición cristiana también ofrece una mirada significativa. En el libro del Génesis, el ser humano recibe el encargo de ejercer dominio sobre la creación, pero ese dominio nunca se entiende como explotación, sino como custodia y responsabilidad. San Francisco de Asís, patrono de los animales y de la ecología, recordaba que todas las criaturas comparten un mismo origen y merecen respeto por formar parte de la obra creadora.
En tiempos donde el abandono y el maltrato siguen siendo una realidad cotidiana, recordar estas perspectivas resulta especialmente valioso. La protección de los animales no depende únicamente de las leyes; también nace de la ética, de la educación y de la capacidad de reconocer valor en la vida más allá de nuestra propia especie.
Quizá, al final, la forma en que tratamos a un perro no solo dice algo sobre él. Dice mucho sobre nosotros.