26/08/2026
La alegría franciscana no es una emoción pasajera ni depende de que todo salga bien.
San Francisco descubrió una alegría más profunda: la que nace de saberse amado por Dios, incluso en medio de la pobreza, la dificultad o el cansancio del camino.
Por eso, para la espiritualidad franciscana, la alegría no está en poseer más, aparentar más o controlar más. Está en vivir con el corazón libre, agradecido y abierto a la presencia de Dios en lo sencillo.
La verdadera alegría se nota en quien sirve sin buscar reconocimiento, perdona sin hacer ruido, comparte lo que tiene y camina con esperanza.
Que San Francisco nos enseñe a vivir esa alegría que no se compra, no se presume y no se apaga fácilmente: la alegría de sabernos hijos amados de Dios.
Paz y Bien.