18/06/2026
📚 Universidades enfrentan una crisis silenciosa: estudiantes llegan sin habilidades sólidas de lectura
📖 Un ensayo reciente del académico estadounidense Tyler Jagt advierte sobre un fenómeno cada vez más visible en la educación superior: estudiantes universitarios que tienen serias dificultades para leer textos relativamente extensos, seguir argumentos complejos y sostener procesos de escritura analítica. El problema, señala, ya no es una percepción anecdótica de docentes, sino una tendencia generacional documentada por estudios educativos y evidencia neurocientífica.
• El autor relata que en un curso universitario asignó un artículo académico de 20 páginas, una carga considerada normal hace pocos años, pero ningún estudiante logró terminarlo ni comprender adecuadamente su contenido.
• Datos del National Assessment of Educational Progress (NAEP) en Estados Unidos muestran que en 2024 los niveles de comprensión lectora de estudiantes de último año de preparatoria alcanzaron su punto más bajo desde que comenzaron las mediciones en 1992.
• Actualmente, 32% de los estudiantes evaluados se ubican por debajo del nivel básico de lectura, lo que implica dificultades incluso para extraer conclusiones generales a partir de textos explícitos.
• Uno de los factores señalados es el uso constante de teléfonos inteligentes. Investigaciones neurocientíficas muestran que incluso la sola presencia del celular reduce memoria de trabajo, capacidad de concentración y comprensión lectora sostenida.
• Estudios recientes también apuntan al uso prematuro e intensivo de inteligencia artificial generativa. Un experimento del MIT documentó menor actividad neuronal y reducción en procesos cognitivos complejos cuando estudiantes delegan tareas de escritura a modelos como ChatGPT.
• El fenómeno también estaría vinculado a transformaciones en la educación básica, donde la enseñanza se ha desplazado hacia ejercicios fragmentados orientados a pruebas estandarizadas, reduciendo la práctica de lectura extensa y análisis profundo de textos largos.
• El autor advierte que esta desigualdad cognitiva comienza a dividir a los estudiantes según su contexto educativo previo: quienes provienen de escuelas con políticas estrictas sobre dispositivos y mayor énfasis en lectura llegan mejor preparados, mientras otros presentan mayores dificultades atencionales y de comprensión.
• Más allá del impacto académico, se plantea una preocupación social más amplia: ciudadanos con menor capacidad de lectura profunda podrían enfrentar dificultades futuras para interpretar leyes, evaluar información compleja o participar plenamente en procesos democráticos.
Fuente en el primer comentario
The Chronicle of Higher Education
Tyler Jagt
1 de junio de 2026
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