19/09/2026
𝗟𝗔 𝗔𝗠𝗘𝗕𝗔 𝗖𝗢𝗠𝗘𝗖𝗘𝗥𝗘𝗕𝗥𝗢𝗦 𝗬 𝗘𝗟 𝗔𝗚𝗨𝗔 𝗔𝗡𝗧𝗜𝗚𝗨𝗔 𝗗𝗘 𝗬𝗨𝗖𝗔𝗧𝗔𝗡
Durante generaciones, los yucatecos aprendimos a vivir sobre un territorio diferente a cualquier otro. Debajo de nuestros pies no solo hay piedra: hay cuevas, cavernas, cenotes y un enorme sistema de agua subterránea. Por eso, lo que ocurre en la superficie puede terminar afectando el agua que se encuentra debajo. Y ahí comienza una preocupación que cada vez merece más atención.
Yucatán depende principalmente de su acuífero para el abastecimiento de agua, pero sus características hacen que también sea especialmente vulnerable a la contaminación. Investigaciones y documentos oficiales han señalado problemas relacionados con aguas residuales, residuos pecuarios y otros contaminantes que pueden filtrarse hacia el subsuelo.
Las granjas porcícolas son una parte importante de la economía del estado, pero sus residuos deben recibir un manejo adecuado. El propio Instituto Mexicano de Tecnología del Agua reconoce la contaminación del agua subterránea como uno de los problemas ambientales asociados a esta actividad en Yucatán.
Y también están las aguas negras, los residuos, los productos químicos utilizados en el campo y todo aquello que termina entrando al suelo. En una tierra donde el agua subterránea circula por cavernas y fracturas, la contaminación no siempre se queda donde comenzó.
¿𝗬 𝗟𝗔 𝗔𝗠𝗘𝗕𝗔 𝗖𝗢𝗠𝗘𝗖𝗘𝗥𝗘𝗕𝗥𝗢𝗦?
Aquí aparece uno de los nombres que más miedo provoca: 𝘕𝘢𝘦𝘨𝘭𝘦𝘳𝘪𝘢 𝘧𝘰𝘸𝘭𝘦𝘳𝘪. La llamada “𝗮𝗺𝗲𝗯𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗿𝗼𝘀” existe de manera natural en el ambiente y puede vivir en agua dulce cálida. La infección que provoca es extremadamente rara, pero muy grave. Y hay algo importante que suele contarse mal: no se contrae por beber agua. El riesgo ocurre cuando agua que contiene la ameba entra por la nariz y llega al cerebro.
Por eso la verdadera preocupación es más amplia. Es cuidar el agua antes de que tengamos que preguntarnos qué contiene. Porque el agua que vemos en un cenote puede parecer limpia y transparente, mientras que debajo de la superficie existe un sistema mucho más complejo.
Nuestros abuelos bebían agua de pozo y conocían el valor de aquella riqueza natural. Hoy nosotros heredamos la misma agua. La pregunta es qué vamos a dejarle a las próximas generaciones.
Quizá la historia de la famosa ameba nos sirva como advertencia, pero el problema más grande no tiene nombre de película. Tiene nombres muy conocidos: aguas residuales, contaminación, residuos, químicos y falta de tratamiento.
Y en Yucatán, donde el subsuelo está tan conectado con el agua, cuidar lo que tiramos sobre la tierra también significa cuidar lo que bebemos. Porque el agua que está debajo de nuestros pies no desaparece. Es la misma agua que algún día puede llegar a nuestros pozos, nuestros cenotes y nuestras casas.
Creditos:
Cansahcab tierra de leyendas