Logia Masónica Luz en La Luz AP Nro. 29

Logia Masónica Luz en La Luz AP Nro. 29 Somos una RLS:. del Valle del Cusco, Jurisdiccionada a la Gran Logia Constitucional del Perú.

12/04/2026

La Filosofía de László Krasznahorkai: Ángeles sin alas, dignidad en ruinas y la rebelión del todo

Queridos hermanos y hermanas en la búsqueda,
En el corazón de la literatura contemporánea late una voz que, sin pretenderlo, resuena con las antiguas tradiciones del conocimiento esotérico: la de László Krasznahorkai, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2025 “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.

Krasznahorkai no es un filósofo sistemático, sino un visionario del colapso. Su pensamiento se despliega en oraciones laberínticas, casi mantricas, que imitan el flujo inexorable del tiempo y la decadencia. No ofrece consuelo fácil ni doctrinas consoladoras. Al contrario: parte de la constatación radical de que las reservas de esperanza se han agotado definitivamente. Esta frase inaugural de su Discurso Nobel (7 de diciembre de 2025) actúa como un umbral iniciático: quien cruza sabe que ya no se trata de aguardar salvación externa, sino de mirar de frente el abismo.
Los nuevos ángeles: mensajeros sin mensaje.

En lugar de hablar de esperanza, Krasznahorkai elige hablar de ángeles. Pero no de los alados mensajeros de la Anunciación renacentista, portadores de la Buena Nueva. Habla de ángeles sin alas, seres que caminan entre nosotros con ropa corriente, irreconocibles. Estos nuevos ángeles no traen mensaje alguno. Simplemente se plantan frente a nosotros y, con la mirada, suplican en silencio que nosotros les demos uno.

En esta inversión radica una gnosis contemporánea: lo divino se ha vaciado. El cielo ya no habla; observa. El silencio celestial no es ausencia de Dios, sino su forma más terrible de presencia: una mirada que exige respuesta y que, al no recibirla, nos revela nuestra propia mudez. Aquí resuena la tradición cabalística del tzimtzum (el retraimiento divino) y la idea budista del vacío (śūnyatā), pero llevada al extremo de la modernidad tecnológica y política.

La dignidad humana: epopeya de un ser peligroso para sí mismo
Tras desechar a los ángeles, Krasznahorkai se vuelve hacia la dignidad humana. Ofrece un recorrido épico y sarcástico por la historia de la especie: desde la invención del fuego y el lenguaje hasta la capacidad de destruir el planeta varias veces. El ser humano es “criatura asombrosa” que ha conquistado todo… excepto a sí mismo.

“Los seres humanos siguen siendo los mismos: peligrosos para sí mismos”, afirma. Esta frase condensa su antropología: no hay mal externo primordial; el mal es interno, estructural, inherente a la conciencia que se sabe finita y, aun así, actúa como si fuera dueña del cosmos. La dignidad, por tanto, no reside en el triunfo de la razón ilustrada ni en el progreso técnico, sino en la conciencia trágica de esa peligrosidad. Reconocerla es el primer acto de verdadera humildad iniciática.

La rebelión en relación con el todo.

El clímax de su reflexión llega con la rebelión. Krasznahorkai narra una escena real presenciada en el metro de Berlín: un clochard enfermo orinando en las vías, perseguido por un policía que encarna el orden. Ante esa imagen de marginación absoluta y autoridad ciega, surge la pregunta: ¿cuándo se rebelarán finalmente los parias?

No se trata de una rebelión política convencional, sangrienta o ideológica. Krasznahorkai habla de una rebelión diferente, porque “toda rebelión está en relación con el todo”. Es una rebelión ontológica, cósmica, que no opone bien contra mal, sino que cuestiona la propia dualidad desde el interior del colapso. El tren subterráneo que nunca se detiene —metáfora final del discurso— simboliza esta condición: viajamos eternamente por el túnel, viendo estaciones iluminadas que pasan sin poder bajar. El arte, en este contexto, se convierte en el único espacio de resistencia posible: no redime el mundo, pero lo afirma en su terror y en su belleza grotesca.

El arte como último refugio.

La filosofía implícita de Krasznahorkai no es nihilista pura, aunque roza el abismo. En medio del “terror apocalíptico” —guerras, decadencia civilizatoria, estupidez tecnológica, vacío espiritual— el arte sigue siendo un acto de afirmación. No promete salvación, pero crea un espacio donde el caos se vuelve contemplable, donde el grotesco revela su extraña sacralidad.
Influido por Kafka, Thomas Bernhard y la tradición centroeuropea, Krasznahorkai incorpora también ecos orientales de contemplación y vacío. Su obra oscila entre el apocalipsis terrestre y la serenidad casi mística.
La Filosofía de László Krasznahorkai: Ángeles sin alas, dignidad en ruinas y la rebelión del todo
Queridos hermanos y hermanas en la búsqueda,
En el corazón de la literatura contemporánea late una voz que, sin pretenderlo, resuena con las antiguas tradiciones del conocimiento esotérico: la de László Krasznahorkai, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2025 “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.
Krasznahorkai no es un filósofo sistemático, sino un visionario del colapso. Su pensamiento se despliega en oraciones laberínticas, casi mantricas, que imitan el flujo inexorable del tiempo y la decadencia. No ofrece consuelo fácil ni doctrinas consoladoras. Al contrario: parte de la constatación radical de que las reservas de esperanza se han agotado definitivamente. Esta frase inaugural de su Discurso Nobel (7 de diciembre de 2025) actúa como un umbral iniciático: quien cruza sabe que ya no se trata de aguardar salvación externa, sino de mirar de frente el abismo.
Los nuevos ángeles: mensajeros sin mensaje
En lugar de hablar de esperanza, Krasznahorkai elige hablar de ángeles. Pero no de los alados mensajeros de la Anunciación renacentista, portadores de la Buena Nueva. Habla de ángeles sin alas, seres que caminan entre nosotros con ropa corriente, irreconocibles. Estos nuevos ángeles no traen mensaje alguno. Simplemente se plantan frente a nosotros y, con la mirada, suplican en silencio que nosotros les demos uno.
En esta inversión radica una gnosis contemporánea: lo divino se ha vaciado. El cielo ya no habla; observa. El silencio celestial no es ausencia de Dios, sino su forma más terrible de presencia: una mirada que exige respuesta y que, al no recibirla, nos revela nuestra propia mudez. Aquí resuena la tradición cabalística del tzimtzum (el retraimiento divino) y la idea budista del vacío (śūnyatā), pero llevada al extremo de la modernidad tecnológica y política.
La dignidad humana: epopeya de un ser peligroso para sí mismo
Tras desechar a los ángeles, Krasznahorkai se vuelve hacia la dignidad humana. Ofrece un recorrido épico y sarcástico por la historia de la especie: desde la invención del fuego y el lenguaje hasta la capacidad de destruir el planeta varias veces. El ser humano es “criatura asombrosa” que ha conquistado todo… excepto a sí mismo.
“Los seres humanos siguen siendo los mismos: peligrosos para sí mismos”, afirma. Esta frase condensa su antropología: no hay mal externo primordial; el mal es interno, estructural, inherente a la conciencia que se sabe finita y, aun así, actúa como si fuera dueña del cosmos. La dignidad, por tanto, no reside en el triunfo de la razón ilustrada ni en el progreso técnico, sino en la conciencia trágica de esa peligrosidad. Reconocerla es el primer acto de verdadera humildad iniciática.
La rebelión en relación con el todo
El clímax de su reflexión llega con la rebelión. Krasznahorkai narra una escena real presenciada en el metro de Berlín: un clochard enfermo orinando en las vías, perseguido por un policía que encarna el orden. Ante esa imagen de marginación absoluta y autoridad ciega, surge la pregunta: ¿cuándo se rebelarán finalmente los parias?
No se trata de una rebelión política convencional, sangrienta o ideológica. Krasznahorkai habla de una rebelión diferente, porque “toda rebelión está en relación con el todo”. Es una rebelión ontológica, cósmica, que no opone bien contra mal, sino que cuestiona la propia dualidad desde el interior del colapso. El tren subterráneo que nunca se detiene —metáfora final del discurso— simboliza esta condición: viajamos eternamente por el túnel, viendo estaciones iluminadas que pasan sin poder bajar. El arte, en este contexto, se convierte en el único espacio de resistencia posible: no redime el mundo, pero lo afirma en su terror y en su belleza grotesca.
El arte como último refugio
La filosofía implícita de Krasznahorkai no es nihilista pura, aunque roza el abismo. En medio del “terror apocalíptico” —guerras, decadencia civilizatoria, estupidez tecnológica, vacío espiritual— el arte sigue siendo un acto de afirmación. No promete salvación, pero crea un espacio donde el caos se vuelve contemplable, donde el grotesco revela su extraña sacralidad.
Influido por Kafka, Thomas Bernhard y la tradición centroeuropea, Krasznahorkai incorpora también ecos orientales de contemplación y vacío. Su obra oscila entre el apocalipsis terrestre y la serenidad casi mística.

Para los iniciados, Krasznahorkai ofrece una vía negativa moderna: solo descendiendo al fondo del agotamiento de la esperanza, solo reconociendo a los ángeles mudos y la dignidad rota, puede surgir una rebelión auténtica —no contra algo, sino desde el todo—. Una rebelión que no busca victoria, sino presencia plena en el colapso.

Quien lea sus páginas con atención descubrirá que el verdadero iniciado no es quien posee respuestas, sino quien aprende a habitar la pregunta sin esperanza… y aun así sigue caminando de un rincón a otro de la habitación, pensando en ángeles.
En fraternidad de búsqueda.

I:. H:. Erick Zuñiga

02/04/2026

¡Hermanos y hermanas en la búsqueda de la Luz!
Felices Pascuas a todos. Que esta fiesta de la Resurrección ilumine vuestros corazones y os recuerde que, incluso en las profundidades más oscuras, siempre existe la posibilidad de renacer.

Hoy, en este día sagrado en que celebramos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el sacrificio, quiero compartir con vosotros una reflexión profunda que nos invita a mirar más allá de las apariencias.

Porque la Pascua no es solo un recuerdo histórico: es un misterio eterno que se repite en cada alma.

Imaginad el Árbol de la Vida, ese mapa sagrado que los sabios cabalistas nos legaron.

En su centro brilla Tiphareth, el Sol radiante, el corazón del equilibrio, la belleza y la conciencia crística.

Es el punto donde la armonía divina se manifiesta: luz que ilumina, que une, que construye el Templo interior con verdad y compasión.

Es el Sol que da vida, que refleja la Fuente Única y nos llama a la integración.

Pero todo principio tiene su reflejo invertido.

Del otro lado del velo, en el Árbol de la Noche o Sitra Achra, se encuentra su contraparte ontológica: Thagirion, conocida como el Sol Negro.

No está “abajo” en un sentido espacial, sino opuesta en esencia.

Allí, el principio solar se corrompe: la luz que debería irradiar armonía se repliega sobre sí misma, se vuelve consumidora, generadora de ilusión de autonomía y de desintegración.

Ya no ilumina… devora.

Thagirion no es un lugar de castigo eterno, sino un estado de conciencia. Es el umbral donde el iniciado, habiendo tocado la grandeza del Espíritu, puede elegir -o caer en- la desalineación con la Fuente.

Es el punto de la inversión: donde el ego se infla hasta convertirse en un agujero negro, donde la falsa gloria reemplaza la verdadera belleza, y donde la soledad del “yo separado” parece un trono en lugar de una prisión.

En la Masonería, como en toda verdadera vía iniciática, encontramos estos mismos principios.

Hay hermanos que prefieren vivir plenamente en la Luz constructiva, estudiando con humildad los grados y ritos, trabajando el cincel sobre la piedra bruta para edificar el Templo perfecto.

Otros exploran las sombras con valentía, buscando integrar la noche para que la luz sea más completa.

Pero existe un tercer grupo, el más peligroso para los recién iniciados: aquellos impostores que rechazan el sacrificio en el altar -la entrega real del ego, la disciplina, el trabajo duro- y crean una “masonería” a su medida, fácil, tentadora, llena de promesas de poder sin transformación.

Estos falsos guías arrastran a otros por el camino cómodo, fingiendo ser lo que no son.

Ante la aterradora realidad del verdadero sacrificio, prefieren inventar una versión edulcorada.

Recordad siempre: el camino fácil rara vez lleva al centro del Árbol.

Queridos hermanos, la Pascua nos enseña precisamente esto: la Resurrección solo es posible después de la Cruz. Cristo descendió a los infiernos —a ese estado de inversión y oscuridad— antes de ascender glorioso. No huyó de Thagirion; lo atravesó. No se quedó en el Sol Negro devorador, sino que lo transmutó en luz verdadera.

Que esta Pascua sea para vosotros un llamado a medir vuestra concepción actual de la Masonería, de la espiritualidad y de la vida misma, con los conocimientos de grados superiores.

No temáis confrontar vuestra propia sombra.

No huyáis del Sol Negro cuando aparezca en vuestro camino interior: reconocedlo, comprendedlo, pero no os quedéis allí.

Elegid conscientemente alinearos con la Fuente.

Que el Gran Arquitecto del Universo os conceda la sabiduría para distinguir la luz que construye de la que consume.

Que el sacrificio en el altar no os asuste, sino que os libere.

Y que, como en esta mañana de Pascua, después de toda noche oscura, surja en vosotros la verdadera Resurrección: una conciencia que irradia armonía, belleza y verdad.

¡Felices Pascuas! Que la Luz -tanto la del Sol como la del Sol Negro bien comprendido- os acompañe siempre.

Que así sea.
Fraternalmente,
V.:M.: Erick Jesús Zúñiga Polanco
R:.L:.S:. LUZ EN LA LUZ AP NRO. 29
Valle del Cusco
Masoneria

29/03/2026

SEMANA SANTA Y MASONERÍA.

La Semana Santa es una celebración central del cristianismo católico que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Incluye días como el Domingo de Ramos, Jueves Santo (Última Cena), Viernes Santo (Crucifixión) y Domingo de Resurrección (Pascua). Sus símbolos principales provienen directamente de los Evangelios: la cruz, el pan y vino de la Eucaristía, la corona de espinas, el sudario, las palmas, etc. En países como España, Perú (donde te encuentras, en Cusco, Lima, etc.y otros de tradición hispana, se vive con procesiones, cofradías y fervor popular.

Simbología masónica en relación con la Semana Santa.

La masonería (o francmasonería) es una sociedad fraternal iniciática, no una religión. Exige creer en un Ser Superior al que denominamos “Gran Arquitecto del Universo” (un ser supremo genérico), pero respeta la pluralidad de creencias de sus miembros (cristianos, judíos, deístas, etc.). No tiene dogmas religiosos ni celebra oficialmente la Semana Santa como rito cristiano, precisamente para evitar conflictos entre sus miembros de distintas fes. 

Sin embargo, muchos masones interpretan elementos de la Semana Santa de forma simbólica y alegórica, adaptándolos a sus propios rituales e ideales de mejora personal, no como fe literal en la divinidad de Cristo. Aquí van los paralelismos más mencionados:

• Pascua como “pasaje” o “tránsito”: La palabra “Pascua” (del hebreo Pesaj) significa “paso” o “pasaje”. Los masones lo relacionan con la iniciación masónica: el paso de las tinieblas (ignorancia) a la luz (conocimiento y virtud). Es un proceso constante de “desbastar la piedra bruta” (mejorar el carácter). La Semana Santa se ve como metáfora de este tránsito interior: muerte del ego/vicio y resurrección en virtud. 

• Ceremonia de las Luces (en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, grado 18 o superior): Se realiza alrededor de estas fechas. Consiste en apagar y encender luces de forma ritual. Recuerda la muerte de Jesús como figura histórica y “gran maestro” o “pilar” de valores humanos (no como Hijo de Dios, para no excluir a masones judíos). Simboliza el paso de la oscuridad a la luz, en memoria de hermanos fallecidos y del triunfo de la luz sobre las tinieblas. No es una misa ni adoración divina. 

• Los “tres traidores”: En algunos contextos esotéricos o gnósticos que se cruzan con masonería (como en enseñanzas de Samael Aun Weor), se identifican los tres traidores de Cristo (Judas, Pilatos y Caifás) con defectos internos del ser humano. Los masones tienen sus propios “tres traidores” en la leyenda de Hiram Abif (el arquitecto del Templo de Salomón, figura central en el rito del tercer grado): Sebal, Hortelut y Stokin, que representan la traición, la ambición y la ignorancia. La crucifixión y resurrección se interpretan como lucha interna contra estos vicios. 

• INRI y otros símbolos: Las letras INRI (del letrero de la cruz: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum) se reinterpretaron en alquimia y masonería como Igne Natura Renovatur Integra (“por el fuego la naturaleza se renueva íntegra”), aludiendo a transformación espiritual o procesos alquímicos. La resurrección se ve como renacimiento simbólico o “fiesta solar” (relacionada con el equinoccio de primavera y el retorno de la luz).

• Fiesta del Cordero Pascual (en algunos ritos, especialmente escoceses): Se celebra cerca del Jueves Santo. Incluye pan y vino compartidos en memoria de la hermandad y de los hermanos difuntos. Recuerda el Cordero Pascual bíblico y la Última Cena, pero como alegoría de sacrificio, renovación y unidad fraternal, no como sacramento eucarístico. 

*Perspectivas y aclaraciones necesarias , sobre todo a Nuestra Logia que trabaja en Rito York.*

• Desde logias masónicas oficiales: La Semana Santa es un tiempo de reflexión personal. Cada masón la vive según su religión (muchos son cristianos y participan en procesiones como cofrades en España o Latinoamérica). No hay rito masónico obligatorio que reemplace la celebración cristiana. 

• Interpretaciones esotéricas: Algunos autores (gnósticos, rosacruces o masones irregulares) ven la Semana Santa como drama cósmico o solar: el “Cristo cósmico” que muere y resucita en el iniciado, con paralelismos a misterios antiguos (Osiris, etc.). Hablan de “siete pasos” o planetarios en el proceso iniciático.

• No hay “control masónico” de la Semana Santa: Las procesiones y cofradías son tradiciones católicas populares, con raíces medievales y a veces influencias culturales diversas (incluyendo posibles ecos paganos precristianos en la primavera, pero no masónicos). Afirmaciones de que la masonería “oculta” o “dirige” la Semana Santa suelen provenir de teorías conspirativas sin base histórica sólida. Muchos masones históricos fueron anticlericales, pero eso no implica que la tradición sea masónica.

•El Rito de York (también llamado Rito Americano o York Rite) se considera el más “cristiano” de los ritos masónicos principales porque sus grados superiores incorporan explícitamente elementos bíblicos del Nuevo Testamento, referencias a Jesucristo, la doctrina de la Trinidad y temas de caballería medieval cristiana. Sin embargo, estas referencias son alegóricas y morales, no sacramentales ni dogmáticas en sentido eclesial: buscan ilustrar virtudes como la fe, el sacrificio, la verdad, la caridad y la defensa de los débiles.
A diferencia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (más universalista), el Rito de York tiene una parte claramente cristiana en sus Órdenes de Caballería, que exigen al candidato profesar la fe cristiana (en muchas jurisdicciones, aceptar la Santísima Trinidad y comprometerse a defender la fe cristiana si fuera necesario).
Estructura general del Rito de York
Se divide en varios cuerpos independientes, pero relacionados:
1. Logia Simbólica (Grados Azules) – Los tres grados básicos (Aprendiz, Compañero y Maestro Masón). Comunes a casi toda la masonería. Tienen simbolismo bíblico (Templo de Salomón, Hiram Abif), pero no son específicamente cristianos.
2. Capítulo de Masones del Real Arco (Capitular Degrees) – 4 grados principales:
• Maestro de la Marca (Mark Master): Enfatiza la integridad, el trabajo bien hecho y el reconocimiento del valor personal. Basado en la construcción del Templo.
• Maestro Pasado Virtual (Virtual Past Master): Enseña armonía y gobierno (requisito tradicional para avanzar).
• Muy Excelente Maestro (Most Excellent Master): Celebra la dedicación del Templo de Salomón, con énfasis en reverencia y la presencia divina (descenso de la “nube” o gloria en el Sanctasanctórum).
• Masón del Real Arco (Royal Arch / Holy Royal Arch): Considerado por muchos el “clímax” o “completitud” de la masonería. Recupera la “Palabra Perdida” (el Nombre de Dios). Usa mucho simbolismo del Antiguo Testamento (reconstrucción del Segundo Templo tras el cautiverio babilónico, Zorobabel, etc.). No es exclusivamente cristiano, pero prepara el terreno con fuerte base bíblica.
3. Consejo de Masones Crípticos (Cryptic Degrees o Royal & Select Masters) – 3 grados (a veces 4):
• Maestro Real (Royal Master)
• Maestro Selecto (Select Master)
• Maestro Super Excelente (Super Excellent Master) (opcional en algunas jurisdicciones).�Estos grados giran en torno al “Arca” o bóveda secreta bajo el Templo, preservando tesoros y palabras sagradas. Tienen fuerte inspiración bíblica (Antiguo Testamento), pero no son específicamente cristianos. Enfocan en fidelidad, secreto y preservación del conocimiento.
4. Comandancia de Caballeros Templarios (Chivalric Orders o Órdenes de Caballería) – Aquí es donde las referencias cristianas son más directas y explícitas. Solo accesibles para cristianos (después de los grados anteriores). Se llaman “Órdenes” en lugar de “grados” por su carácter caballeresco. Son tres principales:
• Orden Ilustre de la Cruz Roja (Illustrious Order of the Red Cross): Basada en la historia de Zorobabel y el rey Darío. Enfatiza la verdad como virtud divina (“In Hoc Signo Vinces” aparece en algunos emblemas). Es una transición entre los temas del Templo y la caballería cristiana. Incluye lecciones sobre el poder de la verdad.
• Orden de Malta (Order of Malta o Knights of Malta): Requiere profesar y practicar la fe cristiana. Incluye un grado preparatorio llamado Mediterranean Pass o Knight of St. Paul, basado en el apóstol Pablo y su naufragio en Malta. Enseña fe, amor, misericordia y el ejemplo del mártir cristiano. Se inspira en los Caballeros Hospitalarios de San Juan (herederos de tradiciones cruzadas).

• Orden del Temple (Order of the Temple o Knights Templar): Es el “clímax” o “coronación” del Rito de York. Considerado uno de los rituales más solemnes y bellos de la masonería. El candidato sigue los pasos de Jesús de Nazaret, con énfasis en el sacrificio, la resurrección, la ascensión y la vida eterna. Se representa el Santo Sepulcro vacío, con un retoño de acacia (símbolo masónico de inmortalidad). Recuerda el espíritu de los Caballeros Templarios medievales que protegían peregrinos cristianos en Tierra Santa. Enseña autossacrificio, reverencia, defensa de los débiles y una interpretación cristiana de los símbolos masónicos anteriores. El emblema típico es la Cruz de la Pasión sobre espadas, con lemas como “In Hoc Signo Vinces”.

*Aclaraciones finales importantes*.

• Requisitos cristianos: Los grados del Capítulo y Consejo están abiertos a cualquier masón que crea en un Ser Supremo (independientemente de la religión). Solo las Órdenes de Caballería (especialmente Malta y Temple) exigen fe cristiana explícita.

• Interpretación: Todo se vive como alegoría moral y filosófica. No se trata de una liturgia religiosa ni de reemplazar la fe de la Iglesia. Muchos masones cristianos ven aquí una “interpretación cristiana” de la masonería simbólica.

• Variaciones: La estructura exacta varía por país o jurisdicción (más desarrollada en EE.UU.). En algunos lugares hay grados adicionales o invitacionales como la Cruz Roja de Constantino (aún más explícitamente cristiana: Caballero de la Cruz Roja de Constantino, Santo Sepulcro, San Juan Evangelista).

• Relación con Semana Santa: Como mencionamos antes, no hay un rito masónico oficial que celebre la Semana Santa. Sin embargo, en los grados templarios hay ecos alegóricos de Pasión, muerte y resurrección (tumba vacía, sacrificio, redención), que algunos masones cristianos relacionan personalmente con la Pascua.

En resumen, los grados con referencias cristianas más específicas son los de la Comandancia de Caballeros Templarios (Cruz Roja, Malta y especialmente el Temple), donde se habla abiertamente de Jesucristo, la Trinidad, la fe cristiana y virtudes evangélicas.

En resumen, la masonería no “posee” ni inventó la simbología de la Semana Santa, pero algunos de sus miembros la reinterpretaron alegóricamente para ilustrar ideales de progreso moral, luz vs. oscuridad e iniciación. Es una lectura simbólica paralela, no sustitutiva de la fe cristiana.
L.:I.:F.:

28/03/2026

¡Hermanos que llamáis a la puerta!

En el nombre del Gran Arquitecto del Universo y bajo la bóveda celeste de esta Logia, yo, Venerable Maestro de esta respetable Logia, os recibo con el mallete en la mano y el corazón abierto a la verdadera fraternidad.

¡Deteneos un instante y escuchad con atención!

No es la curiosidad vana ni los honores mundanos lo que os trae hasta este Templo, sino el deseo sincero de buscar la Luz, perfeccionar vuestra alma y servir a la humanidad con rectitud y tolerancia.

Quien aspire a ingresar en nuestra antigua y honorable Orden debe venir con manos limpias, mente libre de prejuicios y voluntad firme de guardar inviolablemente nuestros secretos.

Si venís en busca de la Verdad, la Justicia, la Caridad y la Fraternidad universal; si estáis dispuestos a someteros a las pruebas simbólicas de nuestra Orden; si aceptáis jurar fidelidad a los principios masónicos y obediencia a las leyes y reglamentos de esta Logia… entonces responded con voz clara y serena:

*¿Estáis dispuestos a guardar silencio sobre lo que aquí veáis y oyereis, a practicar la virtud y a ayudar a vuestros hermanos en necesidad, sin esperar recompensa alguna?*

Estáis dispuestos a abandonar sus vanos orgulloso y prejuicios, a comprometerse con vosotros mismos a expectar lo que realmente guardan en el corazón y no correr aterrados a esconderse en la más oscura caverna , sino a reconocerse como son en realidad y luchar por perfeccionarse a sí mismos ?.

¡Que el Gran Arquitecto del Universo ilumine vuestro entendimiento y que la Luz de la Masonería guíe vuestros pasos!

*Si vuestra respuesta es sincera y vuestro corazón está preparado, la puerta del Templo se abrirá para vosotros.*

¡Bienvenidos, aspirantes a la Francmasonería!
Que la Paz, la Armonía y la Luz sean con vosotros.

R.:H.: Erick Zúñiga Polanco
Venerable Maestro
de esta respetable Logia Simbólica LLAP .: Nro . 29 Valle del Cusco.


Masoneria

23/03/2026

PERSEVERANCIA MASÓNICA.

Perseverar significa mantenerse constante y firme en la prosecución de algo que se ha comenzado, en una actitud, una opinión o un propósito, sin dejarse vencer por obstáculos, dificultades, desánimos o distracciones. Es continuar con tenacidad y constancia hacia un objetivo, incluso cuando el camino se pone complicado.

Según la Real Academia Española (RAE), las definiciones principales son:

1. Mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión.�(Ejemplo: “Si perseveras en tus estudios, lograrás graduarte”.)
2. Durar permanentemente o por largo tiempo.�(Más usado para cosas o estados: “Su amistad perseveró a lo largo de los años”.)

Etimológicamente viene del latín perseverāre (“mantenerse muy firme”), y en contextos más profundos (como filosóficos, religiosos o de superación personal) implica:

• Persistencia ante la adversidad.
• No desistir ni renunciar fácilmente.
• Mantenerse firme bajo presión, con disciplina y esperanza.

En contextos como el cristiano o motivacional, se asocia a resistir pruebas para desarrollar carácter, resistencia y alcanzar recompensas (por ejemplo, en la Biblia: perseverar en la fe o en el sufrimiento lleva a madurez y esperanza).

En relación a la masonería, en la Cámara de Reflexión masónica, el gallo suele llevar la inscripción “Vigilancia y Perseverancia” (o solo “Perseverancia” en algunos ritos). Aquí, perseverar representa la cualidad esencial que el iniciado debe cultivar:
• Mantenerse constante en el trabajo interior de automejoramiento.
• No abandonar el camino masónico pese a las “tinieblas” (ignorancia, vicios, dudas).
• Perseverar en la búsqueda de la luz (sabiduría, virtud) hasta lograr la transformación personal.
@
Es uno de los pilares del crecimiento masónico: sin perseverancia no hay progreso real en la “obra” de construirse a sí mismo como “piedra cúbica”.

En resumen: perseverar no es solo “seguir haciendo algo”, sino hacerlo con firmeza inquebrantable y constancia, especialmente cuando cuesta. Es una virtud de guerreros internos, y muchas veces la diferencia entre el éxito y el abandono

Porque ingresamos con el pie izquierdo al Templo?La costumbre de ingresar al templo masónico (o logia) dando el primer p...
19/03/2026

Porque ingresamos con el pie izquierdo al Templo?

La costumbre de ingresar al templo masónico (o logia) dando el primer paso con el pie izquierdo es una práctica ritual prácticamente universal en la masonería especulativa, con raíces muy antiguas y un significado simbólico profundo que va mucho más allá de un simple detalle ceremonial.

Esta tradición se mantiene de forma consistente en la mayoría de los ritos principales, aunque con matices propios:

• En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (el más extendido en América Latina y Europa continental) se indica explícitamente: “Dad un paso hacia mí con el pie izquierdo y traed el pie derecho contra el izquierdo, formando escuadra”. Es el “primer paso regular en Masonería”.

• En el Rito de Emulación (base del llamado Rito York o anglosajón, practicado bajo la UGLE y en muchas logias británicas, estadounidenses y de influencia inglesa) el candidato también inicia todos los pasos regulares y la marcha con el pie izquierdo, simbolizando el comienzo del viaje desde la oscuridad hacia la luz.

• En el Rito York (norteamericano o en sus variantes peruanas y bolivianas) y en el Rito Escocés Rectificado (más cristiano y caballeresco) se conserva la misma norma, aunque el énfasis puede variar según la perambulación o los pasos de los grados. En todos los casos, la entrada con pie izquierdo primero es una constante que unifica la tradición masónica más allá de las diferencias rituales.

Origen egipcio y simbolismo espiritual

Los antiguos egipcios asociaban el lado izquierdo con el espíritu, el alma y lo divino (el corazón físico está a la izquierda). El pie izquierdo primero marcaba el inicio de un camino sagrado, dejando atrás lo profano y material. Esta idea pasó a los griegos, a las tradiciones iniciáticas medievales y finalmente a la masonería.

Relación con los hemisferios cerebrales: una reeducación mental profunda

Aquí entra una capa simbólica más moderna pero perfectamente coherente con la tradición esotérica masónica. La neuroanatomía nos enseña que:

• El hemisferio derecho del cerebro (sede de la intuición, la creatividad, lo holístico, lo emocional y lo espiritual) controla el lado izquierdo del cuerpo.
• El hemisferio izquierdo (lógico, analítico, racional, verbal y material) controla el lado derecho.

Al dar el primer paso con el pie izquierdo, el masón activa simbólicamente primero el hemisferio derecho: prioriza la intuición y la apertura espiritual antes de que entre en juego la razón analítica (pie derecho). No es casualidad: el hombre adulto profano suele vivir dominado por el hemisferio izquierdo (lógica fría, ego, materialismo, control, “yo primero”). La masonería propone una reeducación mental y espiritual de esa personalidad adulta: un verdadero “trabajo interior” para equilibrar ambos hemisferios.

Este concepto ha sido desarrollado y profundizado en reflexiones masónicas contemporáneas, como las expuestas por el Venerable Maestro Erick Jesús Zúñiga Polanco, de la Respetable Logia Simbólica Luz en la Luz A.P. N° 29 (Valle del Cusco, Perú), quien en sus trabajos y exposiciones ha enfatizado que entrar con el pie izquierdo representa el inicio consciente de esta reeducación: el abandono de la “tiranía” del hemisferio izquierdo (el mundo profano de la razón pura sin corazón) para invitar al hemisferio derecho a tomar la iniciativa -intuición, sueños, creatividad y conexión con lo divino-.
Luego, el pie derecho (razón) sigue, simbolizando el equilibrio perfecto que debe lograr el masón: ni puro instinto ni pura lógica, sino armonía entre corazón y mente.

Esto es exactamente el proceso de pulir la “piedra bruta” (el hombre imperfecto, adulto, condicionado por vicios y prejuicios) para convertirla en “piedra cúbica” (el hombre regenerado, completo, que ha integrado su dualidad cerebral y espiritual). En palabras del Venerable Maestro Zúñiga Polanco, esta reeducación no es solo moral o ética, sino una reprogramación profunda de la forma en que el hombre percibe y vive su propia dualidad, alineando el ser profano con el ser iniciático.

El pie izquierdo como “débil” prudencia y control

La interpretación clásica sigue vigente: el pie izquierdo suele ser el de menor fuerza o dominio en la mayoría de las personas. Apoyarlo primero con cuidado enseña:
• Pensar antes de actuar.
• Evitar pasos en falso morales.
• Proceder con prudencia y reflexión en el camino iniciático.

Combinado con el simbolismo cerebral, este “paso débil” se transforma en una poderosa lección: el adulto debe aprender a confiar primero en su parte intuitiva y espiritual (a menudo reprimida) antes de aplicar la fuerza racional.

Transición del profano al sagrado.

En todos los ritos mencionados, cruzar el umbral con el pie izquierdo simboliza dejar atrás lo “negativo” o profano (el mundo exterior dominado por el hemisferio izquierdo) y entrar en el espacio sagrado guiado por el corazón y la intuición. Es el gesto inicial de una reeducación total de la personalidad: el masón ya no será el mismo hombre que entró; comienza un proceso de transformación que abarca mente, emociones y espíritu.

En resumen, no es un capricho, ni superstición, ni detalle menor.

Es un símbolo cargado de sabiduría ancestral que une el antiguo Egipto con la neurociencia moderna: al entrar con el pie izquierdo, el masón inicia conscientemente la reeducación mental del hombre adulto, activando primero la intuición espiritual para luego equilibrarla con la razón y construir, paso a paso, el templo interior perfecto.

Esta práctica, presente en el Escocés, el Emulación, el York y el Rectificado, demuestra que la masonería no solo enseña moral: reprograma la forma en que el hombre percibe y vive su propia dualidad cerebral y espiritual, como ha sido destacado en las contribuciones del Venerable Maestro Erick Jesús Zúñiga Polanco en el contexto de la Logia Luz en la Luz.

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