05/04/2026
| El evangelio según San Marcos (16,1-8) termina de una manera desconcertante: las mujeres, llenas de temor, huyen del sepulcro vacío y no dicen nada a nadie porque tenían miedo. Parece un final inacabado, pero en realidad es un espejo que se pone frente a las realidades de nuestras vidas, nuestras comunidades, América Latina y el mundo.
🤍 Este texto no habla solo del pasado; en la actualidad hay piedras enormes que nos impiden ver la vida y, también, hay nuevas crucifixiones que nos parecen definitivas.
¿Qué actitudes asumimos ante las crucifixiones de estos tiempos?
Ellas iban a honrar a un crucificado por el Imperio Romano. Su crucifixión no terminó en aquel monte, aquel día, sigue ocurriendo hoy, con otros nombres y otros métodos, pero con la misma lógica de dominación.
✊🏽 Frente a la indignidad de las condiciones de vida, frente a la pérdida de sentidos—frente a un imperio que intenta doblegarnos—, ¿qué hacemos? ¿Nos limitamos a sentir compasión, o nos comprometemos en comunidad a la lucha cotidiana por la justicia?
Frente a los dogmas y prejuicios que encasillan, condenan y paralizan a personas y grupos sociales —mujeres, diversidades sexuales, pueblos indígenas, personas empobrecidas, — ¿nos quedamos del lado de los que atan las cargas pesadas, o nos solidarizamos con los que son excluidos por las estructuras religiosas y sociales?
🌏🤍 No podemos olvidar que Jesús fue crucificado por los poderes religiosos y políticos de su tiempo.
¿De qué sepulcros huimos? Tal vez huimos de la comunidad cuando el compromiso se vuelve exigente, huimos del conflicto cuando defender la justicia nos pone en riesgo, huimos de la denuncia profética para no perder privilegios. Y, entonces, callamos.
¿Qué callamos? Que la desigualdad no es un accidente, sino un pecado estructural. Que muchas de nuestras prácticas religiosas están más cerca del culto a los mu***os que de la fe en el Viviente. Que el sistema neoliberal, el patriarcado, el racismo y la exclusión siguen siendo piedras enormes que no hemos removido.
💜🙏🏾 El evangelio de Marcos nos deja con esa tensión para que la palabra nazca entre nosotros. El silencio de las mujeres fue temporal y hoy nos interpela.
¿Vamos a seguir callando, o vamos a ser comunidades que anuncian con valentía que la muerte no es definitiva?
Saber que la muerte no tiene la última palabra es la certeza de que el Dios de los pobres, el Dios de los crucificados de la historia, aunque hoy está en silencio, tiene algo poderoso que decirnos, aún sigue batallando por la vida.
✒️ Lisdainy Rodriguez